Me duele todo, no sé dónde estoy y no veo nada, la combinación perfecta, nótese mi sarcasmo. No tengo ni idea de cuánto llevo despierta ni de qué cantidad de tiempo he estado en ese lugar... sea el que sea. La garganta me molesta de resequedad, las muñecas y tobillos me duelen por heridas causadas por lo que creo que son grilletes y, por culpa de los mismos, también me duelen las articulaciones, sobre todo la de los brazos, porque estoy colgada de la pared en cruz, con mis cuatro extremidades estiradas en distintas direcciones contra el ladrillo a mi espalda. Tampoco puedo hablar, tengo la boca tapada con una mordaza o algo parecido, impidiéndome recitar nada que pueda ayudarme a salir de ésta. Jodida suerte la mía. En lo que llevo de consciencia, la ira y el dolor por la traición que su
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