Al cuidador le preocupaba que no se haya casado en esos ciento veinticinco años, solo le gustaba ayudar y pelear, quería a los humanos. Las revelaciones se convirtieron en realidad, pero aún faltaba lo primordial. Con los años, los territorios del rey, los cuales eran tan inmensos, y él los supervisaba cada cierto tiempo. Pasaba de castillo a castillo para ocultar su eterna juventud. Hasta que llegó a la provincia… Mientras el nuevo soberano era amado en la Provincia, ella se convertía en una hermosa jovencita, indomable, alegre, llena de vitalidad. Era la alegría de la guerrera quien le enseñó a conocer la naturaleza, los animales la escuchaban, la obedecían y adoraban. Su felicidad era jugar con ellos, aunque también hablara la lengua de la Madre tierra, salía poco. En ese entonces el

