Esperaba impaciente a mi familia para asistir a la misa dominical, hoy me pareció eterna la espera, el afán era por verlo. Tomaba el té, cuando Manuela ingresó a la cocina bailando el vals nupcial, ahora si expresaba mis sentimientos. Tomó a Úrsula por la cintura obligándola a bailar con ella. —Señorita, ¡me regañará la señora! —Hoy es un día especial, no lo ves. —intervine uniéndome a ellas. Nos sirvieron el desayuno en la mesa, no comí casi, solo pan y leche tibia, sin embargo, demoré mucho ingiriendo la comida, pasé reviviendo a cada momento del día de ayer, recuerdo la forma en cómo me miraba, ese brillo especial en sus ojos. Anoche fueron largas las horas hablando de él y tratando de desenredar su comportamiento para conmigo. Nos quedaron muchos vacíos. Aunque eso no me importaba

