Seis años después Soñaba que caía al vacío, esa sensación de agonía, de angustia y desesperación, mis manos se extendían con la intención de abrazar o alcanzar algo, el vacío me esperaba. Luego se materializaba uno de mis hijos, lo anhelaba tocar y al verlo caer e intentar agarrarlo se desvanecía, no tenía manos, solo era viento, no podía materializarme para sostenerlo. Me desperté sobresaltada. Antonio estaba aferrado a mi cuerpo, habían pasado los años y no habíamos podido mermar el deseo entre nosotros, nuestra necesidad aumentaba, cada día nos uníamos más. Hoy cumplía treinta años, aunque él en realidad cumple en enero, yo le celebraba también su regreso a la mortalidad, él en noviembre. Tenía cinco años realizándole una comida con las personas conocedoras de quiénes somos. Antonio

