Fui la primera en arreglarme, el nuevo cochero era un hombre corpulento, moreno, con ojos de agradecimiento y eso me agradaba. Sentí una gran tranquilidad cuando me ayudó a subir al carruaje para asistir a la misa dominical. Fui consciente de la mirada de mis padres al tener contacto con él, al comprobar que le sonreí al nuevo trabajador, soltaron un suspiro de tranquilidad. —¿Cómo te llamas? Le pregunté mientras le ayudaba a mi madre a subir, luego a Manuela, se veía algo nervioso, pero no era más que por su primer día de trabajo. —Jasón, para servirle milady. —inclinó su rostro, volví a sonreírle. —Vas a trabajar muchos años con nosotros, Jasón, esperábamos a una persona como tú. Su mirada fue cálida. En ella pude ver su agradecimiento profundo, su necesidad al mantener su trabajo—

