—De algo estoy seguro. —dijo Louis sonriendo—. No hay que meterse con la familia de la diosa porque se puede convertir en la peor pesadilla de cualquiera. Soltaron una carcajada los presentes. Mi esposo cargaba a María Ángel, Lorenzo en la mitad de los dos, yo tenía en brazos a Luciano. Juntos, en familia, y así será por muchos años. —Luciano se quedó dormido, amor. —Dije al oído a mi esposo, necesitaba que me ayudara a llevarlo a su cama. —Ya es tarde. Nos vemos mañana en la misa, hijos. —Los guardianes se despidieron. —Por supuesto. —comenté—. Sin falta ahí estaremos. Eduardo tenía a Carlos cargado, él también se había quedado dormido, mi prima tenía en brazos a Eduardo, nos despedimos. Lorenzo también tenía sueño, quien permanecía despierta era María Ángel. —Sabes que no se dormir
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