Le lancé una mirada retadora, hizo un gesto con su boca, tomó otro libro, sentándose de nuevo en el mueble y comenzó a leerlo. En eso se convirtieron las visitas diarias, en un par de palabras que consistían en; buenas tardes, milady. Gracias, milord. Hasta mañana señorita y si mis padres no se encontraban cerca, que duerma mal señor. Me aburría esa situación, no quería sentarme a leer otro libro. Por mi cabeza pasó un sinnúmero de travesuras, la idea era lograr que desistiera de la boda, Manuela desde que tenía novio y yo desde que fingía tenerlo, nos habíamos distanciado un poco. Mis padres le daban permiso para asistir a cuanta invitación recibía de lord Eduardo, y Úrsula era quien la acompañaba, él la invitaba a todas partes. Se veía muy enamorado de ella, y eso me alegraba, pero

