En el trayecto a la iglesia no pude concentrarme, era un completo enredo de sensaciones, emociones, miedo, alegría, siento un revuelo en el estómago. Mi madre y prima se fueron en otro carruaje hace más de media hora. Entramos al pueblo, mi corazón parecía el aleteo de un colibrí, latía tan rápido que no podía contar las palpitaciones. Jasón detuvo el carruaje frente a la iglesia, me quedé sin respiración por unos minutos. Ya era hora, las piernas no me respondieron, mi padre se bajó y con una sonrisa me dijo. —Mariana baja. Quise que el tiempo se detuviera, sin embargo, recordé del beso de anoche y cuanto me gustó sentirme en sus brazos. No seas cobarde, él te ama, me animé, respiré y le di la mano a mi progenitor, no era momento de arrepentimientos, en el altar esperaba el hombre de mi

