En ese instante el mundo pereció a mí alrededor, dejé de escuchar los aplausos, la brisa emitió un cántico sutil para mis oídos. No vi el anillo, la mirada se perdió en los ojos más hermosos jamás vistos en toda mi vida. Esos ojos que brillaban como una noche estrellada —el cual tenía un extraño matiz plateado alrededor de ese bello color verde. Sentí que algo volvió a su sitio, como si hubiese deambulado por la vida, estando a la deriva, perdida en la inmensa tierra y al ver el cambio en sus ojos, ahora eran plateados, juro que le cambiaron dejándome anclada en ellos. Se convirtieron en sendero, en ese camino a seguir. Fui consciente de la picazón de mis ojos, más no me percaté de la lágrima recorriendo mi mejilla, hasta que su dedo se deslizó por la trayectoria de la humedad dejada a s

