Con mucho cuidado llevo una de sus manos bajo la espalda de Mia y con excelente maestría soltó el broche de dos ganchos para poder retirar el sostén, lo dejó caer aun lado del colchón antes de bajar hacia su pecho en una cadena de besos pasionales y fue en ese lugar donde se entretuvo un buen tiempo, dejó una marca rojiza entre sus senos antes de pasar a lamer el derecho mientras las yemas de sus dedos índice y pulgar jugaban caprichosamente con el pezón izquierdo. Mia curvó la espalda un poco mientras disfrutaba de cada apretón, de cada mordisco juguetón que recibía sobre sus carnes enviaba placenteras corrientes eléctricas por todo su cuerpo, los besos llegaron hasta su ombligo y volvieron a subir. — Me estás haciendo cosquillas. — Mia se rio cuando sintió la mano de Antoni bajar por su

