Mia, sin saberlo todavía, llevaba una semana casada con el máximo jefe de la mafia italiana, el más temido y el más sanguinario que había pisado la tierra, sin embargo, desde que se casó con él cada noche que regresaba a casa de su familia, que era donde seguían viviendo, llevaba un regalo para ella y no eran cositas que pasaran desapercibidas, ramos de rosas más grandes que el propio cuerpo de Mia, cajas pequeñas con joyas hermosas, cajas de chocolates y bolsas de marcas de lujo. Mia se sentía como una reina y en esa semana se cumplió el acuerdo firmado, salieron en dos noches, una planeada por ella y la otra fue una idea de Antoni porque ella no conocía Cerdeña así que repetir restaurante iba a ser muy aburrido. Julien también la estaba pasando muy bien, se acopló perfectamente a la vid

