Mia terminó su ducha sintiéndose renovada y relajada, el agua había calmado sus pensamientos y ahora con una sonrisa serena en el rostro salió del baño envuelta en una suave toalla, al abrir la puerta, encontró a Antoni esperando sentado en la cama, su mirada intensa, pero tranquila, como si también hubiera estado reflexionando sobre el momento que acababan de compartir. — Tu turno. — dijo ella suavemente, dejando que una leve sonrisa jugueteara en sus labios. — Esperaba que me invitaras antes. — se puso en pie sonriendo también. — Si te invitaba no iba a salir nunca. — apretó la otra toalla que llevaba enrollada en su cabello. — En eso tienes razón, muy seguramente todavía estaríamos en la ducha y tú tendrías las piernas un poco adoloridas. — se acercó a ella y observó fijamente el es

