Mientras ella charlaba con sus hermanas, Davide jugaba con su hijo en la habitación de Dav, había despertado a media tarde. —¿Puedo pasar? —Preguntó Rosario, asomaba su cabeza en la puerta. —Claro, pasa. Tomó asiento junto a Davide. —Me he enterado de que tú y Chiara están pensando en un divorcio. ¿Es cierto? Davide dejó el pequeño conejo en manos de su hijo, prestando atención a Rosario. —Sí, parece que es algo definitivo. —¿Seguro? Me dio la impresión de que se llevaban bien. Me toma por sorpresa esa decisión de divorcio. ¿Chiara está de acuerdo con eso? ¿Qué hay de tus padres? —No es necesario un matrimonio entre los dos. Si queremos divorciarnos, podemos hacerlo. —Entonces son buenas noticias para ti. A decir verdad, siento que necesitabas una mujer mejor. Siempre lo supe

