MADISON No sabía lo bien que me podía sentir con Christian lamiéndome hasta el alma. Mueve su boca con habilidad, incluso lo oigo murmurar lo mucho que le gusta. El placer me inunda de una manera inexplicable cuando su mano aprieta con desfachatez uno de mis senos. Así que vuelvo a soltar un gemido. Creo que ya no queda ni un dejo de la mujer testaruda que suelo ser. En este momento, podría dejarlo hacer lo que quiera conmigo y no me molestaría en lo absoluto. Entonces, como si hubiera escuchado mis ruegos. Christian abre un poco más mis piernas con sus enormes manos, teniendo así un mejor acceso. No se toma ni un respiro para volver a chupar el centro de mi v****a. Me aferro a los bordes del piano, como si fuera a caerme por tanto deleite. Christian, por su lado, sostiene mis muslos

