Nicol sacó de su cartera la crema para sobarse los pies, cada día era más difícil caminar, observa a Cristhian que está exaltado hablando por el celular, sus pies se hinchan cada vez más, en eso un auto se detiene frente a ella, cuando ve a Katrina bajarse. Rodó los ojos al verla que sonríe cuando la reconoce. —No lo podía creer, tuve que regresarme para confirmar que eras tú. —¿Qué quieres Katrina? —¡Dios santo! Que enorme barriga, quien demonios te preño. —No te importa, si no tienes nada bueno que decir puedes irte. —No me digas que Cristhian por fin se cansó de ti, típico de él, mírame ando estrenando coche. Mi viejo rico suelta el billete fácilmente, lástima que en tu condición no puedas conseguirte uno. —No necesito ese tipo de cosas. —Ja, eres tan patética, consideras que en

