CONTINUACIÓN PARTE II

1034 Words
Un día, mientras Ana estaba en el jardín, plantando flores en macetas, escuchó un toque suave en la puerta del jardín. Al girarse, encontró a Carlos de pie en el umbral, con un ramo de rosas rojas en la mano. “Hola, Ana”, dijo él con voz suave. “¿Puedo hablar contigo?” Ana asintió, dejando la maceta en el suelo. “Claro, Carlos. Pasa.” Carlos entró en el jardín y se sentó en el banco que había bajo el árbol de naranjo. Colocó el ramo de rosas en el suelo a su lado. “¿Cómo estás?” preguntó él, mirándola con ojos llenos de cariño. “Bien”, respondió Ana, sentándose frente a él. “El bebé está bien, según el médico. Crece fuerte y sano.” Carlos sonrió débilmente. “Me alegro mucho de escuchar eso. Quiero que sepas que he estado pensando mucho en todo lo que pasó. En cómo te traté, en cómo creí en las mentiras de Laura. No tengo excusas, Ana. Lo que hice fue terrible, y yo mismo no puedo creer que haya sido capaz de hacerlo.” Ana se quedó en silencio por un instante, observándolo. Podía ver el arrepentimiento en sus ojos, el dolor en sus facciones. Sabía que él estaba hablando en serio, pero aún así, las heridas que había causado no sanaban tan rápido. “Yo sé que lo sientes, Carlos”, dijo ella finalmente. “Y yo también he estado pensando en todo. En cómo éramos antes, en lo mucho que nos queríamos. Pero las cosas no pueden volver a ser como antes. Demasiadas cosas han pasado.” Carlos asintió lentamente, bajando la mirada. “Lo sé. No espero que me perdones de la noche a la mañana. Ni siquiera espero que quieras volver conmigo. Solo quería decirte que he tomado algunas decisiones importantes.” “¿Qué tipo de decisiones?” preguntó Ana, interesada. “Primero, he hablado con un abogado”, explicó Carlos. “He preparado todos los documentos para el divorcio. Sé que es lo que quieres, y aunque me cueste mucho, estoy dispuesto a darte la libertad que necesitas.” Ana sintió un alivio enorme al escuchar esas palabras. Había estado temiendo que él se negara a dejarla ir, pero ahora parecía que finalmente entendía. “Gracias, Carlos”, dijo ella con voz temblorosa. “Realmente te lo agradezco.” “Segundo”, continuó Carlos, levantando la mirada para encontrar la de Ana. “He hecho algunas investigaciones sobre el hombre con quien tuviste la aventura. El del curso de arte.” Ana se quedó helada. “¿Qué? ¿Por qué lo hiciste?” “Porque quería conocer al padre de mi primer hijo”, respondió Carlos con voz suave. “Aunque no era mío biológicamente, siempre lo consideré como tal. Quería saber quién era, si estaba bien, si quería saber de él.” Ana cerró los ojos con fuerza. “Su nombre es Andrés. Andrés Castillo. Es pintor. Vivía en Guadalajara en ese momento, pero luego se mudó a la Ciudad de México. Nunca se lo conté sobre el bebé. No supe cómo hacerlo.” “Yo lo encontré”, dijo Carlos. “Lo hablé hace unos días. Le conté todo lo que pasó, sobre la muerte del bebé. Él estaba muy afectado. Dijo que nunca imaginó que pudieras haber quedado embarazada, y que si lo hubiera sabido, hubiera querido estar ahí para ti, para el bebé.” Ana sintió cómo las lágrimas corrían por sus mejillas. Había pensado en Andrés muchas veces, preguntándose cómo estaría, si alguna vez pensaba en ella. Saber que él quería saber sobre el bebé la hacía sentir un poco mejor. “¿Dónde está?” preguntó ella con voz suave. “Vive en una pequeña casa en Coyoacán”, respondió Carlos. “Tiene un taller de pintura allí. Me dio su número de teléfono, por si alguna vez quieres hablar con él.” Ana tomó el papel que Carlos le extendía, con el número escrito a mano. “Gracias”, dijo ella. “No sé si estaré lista para hablar con él pronto, pero es bueno saber que está ahí.” “Y tercero”, dijo Carlos, tomando su mano con cuidado. “Quiero ser parte de la vida de este bebé. Sé que no tengo derecho a pedirlo, pero él es mi hijo biológico, y yo quiero estar ahí para él. Para ti también, si me lo permites. No como tu marido, sino como un amigo que se preocupa por ti.” Ana miró sus ojos, llenos de esperanza y cariño. Sabía que Carlos realmente quería cambiar, que realmente se arrepentía de lo que había hecho. Y aunque no podía volver a ser su esposa, sí podía permitirle ser parte de la vida de su hijo. “Está bien”, dijo ella finalmente. “Puedes estar ahí para el bebé. Y si te comportas bien, tal vez podamos ser amigos algún día.” Carlos sonrió de verdad por primera vez en meses. “Gracias, Ana. No te defraudaré. Te lo prometo.” SECCIÓN 2 Un mes después, Ana y Carlos se divorciaron en una ceremonia sencilla en el juzgado. Sebastián fue con Ana para apoyarla, y aunque Carlos estaba solo, ambos sabían que era el mejor camino para los dos. Después del divorcio, Ana decidió llamar a Andrés. Pasaron horas hablando por teléfono, contándose sus vidas, hablando del bebé que nunca conocieron. Andrés le dijo que quería conocerla en persona, que quería disculparse por no haber estado ahí cuando la necesitó. Ana accedió, y se encontraron en un pequeño café en la Ciudad de México Fue un encuentro emocional. Andrés la abrazó fuerte y la prometió que, aunque no podían cambiar el pasado, él estaría ahí para ella si ella lo necesitaba. También le dijo que había conocido a una mujer maravillosa y que estaban a punto de casarse, pero que siempre llevaría en su corazón al bebé que nunca tuvo. Ana se sintió aliviada al saber que él estaba bien, y que ambos podían cerrar ese capítulo de sus vidas con paz.
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