Isabella sabía que tenía que sentirse cómoda con el hecho de que los breves "sí" en la mesa nupcial fueran una mera formalidad. Pero no fue así. Después de la boda, Adrián le dijo que irían a otra casa para una luna de miel formal. Ahora llevaba de nuevo un vestido, pero al menos estaba cómoda. Porque no era un vestido que pareciera de novia. —Estás nerviosa —dijo él. Isabella volvió la mirada hacia Adrián. —¿Adónde íbamos? —preguntó, cambiando de tema. En lugar de mirarla, Adrián fijó la vista al frente. —Hay una gran granja en un pueblo de la frontera, la casa donde mi bisabuela pasó su niñez, donde nació y murió... Es como una mansión grande y hermosa. Te gustará —dijo mientras seguía observando el camino. Isabella enarcó las cejas y no pudo evitar emocionarse. «Su pasado es un

