Meto mis manos en los suaves bolsillos de la sudadera para buscar algo de calor en el que refugiarme y juego con mis manos intentando tranquilizarme en un mal intento que fracasa una y otra vez. Mierda, esto es incómodo. ¿Por qué no puede preguntar cosas normales como mi color favorito, mi cumpleaños o si tengo mascota? —Pueeeees, — me llevo una mano al mentón y empiezo a mover los dedos como si lo estuviese recordando antes de mirarlo directamente. Puedo ver la curiosidad e impaciencia en sus ojos y contesto antes de acobardarme, cosa que no es muy complicada daba mi situación. —con ninguna.— mi voz suena extrañamente inocente y en un par de tonos menos de lo habitual. No tardo en sonrojarme levemente a la vez que aparto la mirada. Puedo notar como me ve sorprendido sin creer del todo mi

