Cᴀᴘɪᴛᴜʟᴏ 2

1408 Words
La mano se mantiene sobre mi hombro a pesar de que mi cuerpo se sacude con bruscos movimientos debidos a mi llanto incontrolable. Deseo con todas mis fuerzas tener aunque sea un solo día de tranquilidad, que pueda respirar tranquila y que mis únicas preocupaciones sean tonterías con solución como algún conjunto de ropa o algún estúpido examen tal y como el resto de chicos de mi edad. Solo necesito un pequeño descanso. ¿Es tanto pedir? Da igual y la intensidad con al que lo desee, la mano se mantiene en contacto con mi piel sin dejarme ir. Es más, mis lágrimas dejan de surcar mi rostro unos segundos por la sorpresa que me produce ser rodeada por unos cálidos brazos. Mi respiración sigue el mismo camino que mi llanto, cortándose por un instante, mis músculos también se niegan a moverse. Soy incapaz de comprender porque alguien me ofrece sus brazos como refugio. ¿Acaso doy tanta pena como para llegar a esto? Me obligo a dejar a un lado esas preocupaciones, llevo esperando un abrazo tanto tiempo que solo el calor que empieza a nacer en mi pecho me importa ahora, por lo que me aferro a su camisa con fuerza temiendo que se aleje. Nunca va a importar lo mucho que insistamos, siempre necesitamos que aunque sea una sola persona está ahí para nosotros. Abrazándonos en los malos momentos, haciéndonos sentir apoyado y en compañía para poder tomar el impulso necesario para levantarse. Entonces me percato de que sin quererlo, le estoy mojando la camisa con las gotas saladas que caen de mis ojos. Estoy dispuesta a separarme para no incomodarle cuando me sorprende una vez más apegándome contra su pecho para que me mantenga donde estoy, creo estar soñando cuando sus manos empiezan a repartir caricias sobre mi cabello con suavidad. —Shhhh, ya paso nena, tranquila— susurra alguien en mi oído. Es ahí cuando puedo distinguir que esa potente voz grave solo puede pertenecerle a un chico, a uno que yo no conozco para ser más precisos. Llega un punto en el que las lágrimas se agotan, dejando paso a un leve tono rojizo que se instala con rapidez en mis mejillas. Madremia, ¿cómo demonios se me ocurre hacer algo así? No quería retenerlo cuando posiblemente estoy empezando a irritarle. Estoy segura de que solo pretendía acercarse a comprobar si me encontraba bien porque se trata de una buena persona y yo me he pegado a su pecho como si me fuera la vida en ello. Odio actuar siempre por impulsos a pesar de que su acto me ha sentado realmente bien. Prácticamente salto para alejarme de su cuerpo mientras que bajo la cabeza avergonzada sin ser capaz de devolverle la mirada. Odio admitirlo pero mi hermana tiene razón, soy patética. Mi pecho se contrae con fuerza cuando una melodiosa risa llega a mis oídos, a pesar de que sea agradable de escuchar no puedo evitar sentirme decepcionada conmigo misma. Sé perfectamente que al fin se ha percatado de lo ridícula que me veo. Intento retenerla pero todos mis esfuerzos son inútiles y una nueva gota se desliza por mi rostro. No sé en que estaba pensando para venir al parque donde cualquiera puede ver mi lamentable estado. No me molesto en dirigirle una mirada al levantarme, prefiero encaminar mis veloces pasos hacia mi casa con la esperanza de que prefiera burlarse en la lejanía. Con un poco de suerte me encuentro con la casa vacía y puedo colarme sin que nadie se percate, pero por muy tentadora que suena la idea sé que no es del todo probable. Mi única esperanza es que mis padres se encuentren en su trabajo hasta altas horas de la noche como otros días. Su voz a lo lejos desmonta mis esperanzas de que permanezca en el banco, por lo que acelero mis pisadas sin estar dispuesta a escuchar sus burlas esperando que no me alcance. Sin embargo lo hace. Su mano se apoya sobre mi hombro para detener mi huida pero no por eso me giro, no me gusta la idea de que sepa lo fácil que es dañarme. — Oye lo siento, no quería ofenderte.— suena sincero, pero soy incapaz de creerlo. — Da igual— suelto en un murmuro, casi quiero golpearme cuando se me quiebra la voz al final. Comienzo mi camino una vez más antes de que pueda ver su reacción. Como no, la suerte parece no estar de mi lado cuando me sujeta nuevamente el brazo para tirar de mí con suavidad consiguiendo situarme delante de él. Me cuesta saber como reaccionar ahora, lo único que deseo es apartar su tacto de mí para poder correr hasta que me ardan los pulmones. Pero claro, no sería capaz de desplazar su cuerpo ni un solo milímetro por mucho empeño que le pusiese por lo que mantengo la mirada clavada en el suelo asegurándome de que ni mi rostro ni los surcos de mis lágrimas se puede ver. —No, no da igual. No quería que te sintieras peor es solo que...— veo de reojo como aplana los labios y sacude la cabeza como borrando esa idea de su mente.— No importa, no quería que te fueras. ¿Estás bien?— Le doy un leve asentimiento esperando que eso sea suficiente antes de encaminarme hacia mi casa para olvidar este espantoso día. No puedo cumplir mis deseos porque sus brazos vuelven a rodear mi cintura interponiéndose en mi camino. Pienso que su abrazo es igual de reconfortante que antes mientras me hace apoyar la cabeza sobre su hombro. A pesar de mi confusión no me atrevo a apartarme, es extraño porque mi interior está en conflicto respecto a lo que siento. Por una parte estoy incómoda porque un desconocido me vea a sí y por otra tremendamente a gusto. Me planteo separarme cuando la gente empieza a lanzarnos miradas de ternura. — De verdad, estoy bien— le digo para que me suelte con la voz ligeramente ronca. —No me mientas nena— arrugo la nariz al escuchar por segunda vez su mote—, la gente no llora porque está bien.— continua con voz tranquila, como si temiera que reaccionara mal o que me asustara. Separo sus brazos extrañando el calor que desprenden al instante. Cruzo los míos como modo de defensa centrando mi mirada en una piedra como si esta requiriera toda mi atención solo para no tener que enfrentarlo. No necesito la pena de nadie. —Y tú no finjas que te importa. Ya has hecho tu buena acción diaria, ya puedes volver a dejarme sola.— le respondo con la voz átona sin percatarme de la amargura de mi tono al pronunciar la última palabra. Una nueva carcajada resuena en el parque provocado que me encoja casi al instante. Es doloroso que se burlen de mí incluso las personas que me encuentro por la calle. Duele que se burlen de mis sentimientos. —¿Por eso llorabas? ¿Por qué no tienes novio?— pregunta con voz burlona. Frunzo el ceño con confusión sin saber de donde exactamente ha sacado esa conclusión. Aun así no pierdo oportunidad de asentir levemente con la esperanza de que no profundice más y tenga que soportar como se ríe por las verdaderas razones por las que sé que estoy sola. En este caso me molesta su risa, ilusamente creí que por una vez alguien iba a escucharme sin juzgarme. Tampoco entiendo porque todo el mundo parece pensar que estar solo implica no tener pareja. No saben cuanto se equivocan, estar solo significa no tener a nadie que te apoye y valore. Da igual si es un amigo, un familiar o tu pareja. No comprenden lo realmente duro que es no tener a quien contar tus problemas o celebrar tus triunfos. —Bien, eso tiene fácil solución. Yo saldré contigo. Mi cabeza se leva con gran velocidad nada más acaba de pronunciar esa frase para poder comprobar que sus palabras no son una burla. Soy incapaz de decantarme por cual de las opciones me sorprenden más, si que me ofrezca eso nada más conocerme o encontrarme con sus preciosos ojos marrones. Tiene una sonrisa radiante en el rostro, formándole un hoyuelo en la mejilla derecha. Su pelo castaño claro está revuelto de una forma que lo hace ver adorable y atractivo a la vez. —¿Qué?— pregunto esperando que ahora rectifique. Forma una sonrisa ladina antes de contestar como si fuera obvio. — Oh vamos, no creo que lo hayas entendido mal. Yo seré tu novio.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD