Capítulo 18

1374 Words
ANTON Miércoles. Ayer por la noche, tuve que decirle a Rachel palabras que nunca imaginé pronunciar. Ella era la culpable del robo y eso no se podía cambiar, aunque algo sí me causaba curiosidad y era el hecho de pensar el porqué de sus actos. ¿Por qué robó la joya y con qué objetivo? Le pagaba bien, y no parecía tener necesidad de robar para obtener dinero. Julia: — ¿Estás seguro de tomar esta decisión? — Sí — respondí, y Julia negó con la cabeza. — ¿No crees que ella haya sido capaz? Julia: — No niego que la gente pueda mentir, pero desde que Rachel llegó, me pareció sincera. La conozco y no creo que sea culpable — Pero hay pruebas que lo demuestran Julia: — Sí, pero algo no me cuadra. De todos modos, la decisión es tuya, haga lo que considere mejor — Dile a Nicole que se haga cargo de la niña a partir de hoy Julia: — ¿Cree que lo hará bien? Si no puedo hacerlo yo, no tengo problema en ocuparme de la niña — No, que ella lo haga, se ofreció para hacerlo 19:33 pm. La tarde en mi oficina en la editorial se hizo larga porque no podía dejar de pensar en Rachel y lo que había sucedido. Por la mañana, Julia le entregó su pago mensual y se marchó. Al regresar a casa, todo parecía diferente. La casa carecía de vida, y esa sensación perduraría durante días. Extrañaba ver a Rachel jugando con la niña en la sala. Y sí, esa era una prueba en contra de lo que Nicole afirmaba que Rachel maltrataba a la niña, pero si lo decía, ¿por qué mentiría? ¿Qué ganaría con eso? — ¿Puedes hacer que la niña se calle? Nicole: — Estoy intentándolo — Pues ve qué hacer, pero hazlo ahora Después de esa pausa, regresé a mi habitación. Nicole se había instalado en el antiguo cuarto de Rachel, y el primer día parecía no saber qué hacer. No podía calmar a la niña, algo que Rachel solía hacer en cuestión de segundos. A causa de ello, el llanto del bebé me impidió dormir en paz, y pasé la noche en vela. Viernes. El sol había aparecido recientemente y estaba a punto de irme al trabajo, pero no podía hacerlo sin ponerme la corbata. No obstante, ahora que no estaba Rachel ella no lo haría, ni siquiera estaba Julia para hacerlo porque ayer tuvo que salir a hacer unos recados y hasta hoy por la tarde no volvería. Así que la única opción que me quedaba era decirle a Nicole que lo hiciera. — ¡Nicole! — grité y tardó unos cuantos segundos en llegar. Nicole: — ¿Sí, señor? — Ponme esto — le entregué la corbata azul marino y se acercó a mí. — ¿Sabes cómo hacerlo, verdad? — pregunté al ver que estaba tardando mucho. Nicole: — No, señor. No sé — Está bien, vete — dije frustrado y tiré la corbata al suelo. ¡Joder!, despedía a Rachel y ahora todo parecía un caos. Primero comenzando con que la niña no dejaba de llorar desde que se fue y ahora, con que no tenía a nadie que me ayudara a ponerme la jodida y estúpida corbata. Finalmente, ese día no me la puse. Tampoco es que fuese importante, pero no me gustaba no ponérmela con el traje porque se veía informal para mi gusto. 14:32 pm. Brandon: — Julia me contó sobre lo de Rachel. ¿Cómo va con la nueva niñera? — Por ahora, fatal Brandon: — ¿De verdad? ¿Necesitas otra niñera? — Todavía no, quiero darle una semana de prueba, si es que llego a aguantar tanto Brandon: — Está bien. Por cierto, ¿dónde está tu corbata? — Deja de hacer preguntas estúpidas y vuelve al trabajo — respondí, y él se rio, sabiendo que no la llevaba puesta porque yo no sabía hacerlo. Siempre se burlaba de mí por eso, y sinceramente, no tenía interés en aprender a hacerlo porque ya me había acostumbrado a que Julia lo hiciera por mí. Brandon: — Te traeré los artículos cuando los termine para la nueva revista 22:11 pm. Julia: — Buenas noches, señor. Llega muy tarde hoy Vi a Julia lavando los platos y me acerqué a ella. — Tuve mucho trabajo hoy No, no era verdad. Sinceramente, me quedé hasta tarde en la oficina porque no encontraba motivo alguno para regresar a casa porque Rachel no estaba en ella. Además, ella era la única que podía hacer que me acercara a la niña y sin ella aquí, no quería hacerlo y no encontraba algún sentido en hacerlo. Julia: — ¿Se encuentra bien? — Ajá— respondí y subí las escaleras. — Recuerda ayudarme con la corbata mañana Julia: — ¿Nicole no puede hacerlo? — No, y apostaría que ni siquiera sabe lo que es una Julia: — Dele tiempo y tenga paciencia — Justo, eso es lo que me falta, paciencia Cuando llegué a mi habitación, noté que la puerta de Nicole estaba cerrada, así que entré en la mía. Tomé una ducha, me vestí y encendí mi laptop para ver las cámaras de seguridad en la habitación de al lado, que estaban puestas únicamente para ver a la niña y para cerciorarme de que estaba bien. Además, vi que estaba Nicole cuidando a la niña, aunque me distraje por un momento al verla de pie con su camisón rosa pálido, pero su figura no me llamó la atención. Ella era delgada, más delgada que Rachel de hecho. También, se veía que sus pechos no eran tan grandes ni su trasero tampoco y todo eso hizo que apagara la Laptop y que me metiera en la cama para dormir. Esa vista no era de mi agrado y eso que no era de rechazar a las mujeres, puesto que, a veces, no le tomaba importancia si ellas tenían un buen cuerpo o no, pero en el caso de Nicole no me llamaba la atención en absoluto. Tal vez porque ella era menor que yo y todavía era una jovencita porque aún estaba en los veinte… Pero pensándolo bien, ¿a quién iba a engañar? No podía fijarme en otra mujer porque en la única en quien todo mi interés estaba puesto era en Rachel y eso no podía cambiarlo. Luego intenté encontrar a Rachel en las r************* , pero su cuenta de i********: estaba configurada como privada. Suspiré y me recosté en la cama. Quería descansar, pero tenía ganas de follar, ya que no lo había hecho desde hace semanas. Sin embargo, no tuve ánimos de llamar a ninguna prostituta para que viniera, por lo que tomé mi Laptop y me metí en esas páginas web para ver pornografía. Me bajé el pantalón del pijama y antes de masturbarme empecé a buscar algún vídeo. No obstante, esas mujeres desnudas con grandes pechos y gran culo no me llamaron la atención. Entonces, el pensamiento de Rachel se me vino a la mente, por lo que apagué la Laptop y me concentré en aquella imagen cuando la vi desvistiéndose, aquella en la que se estaba quitando la camisa. Ese era el único momento en el que la pude ver semidesnuda, pero ese recuerdo me sirvió para empezar a masturbarme, imaginando las cosas que quería hacerle y en las posiciones en las que quería ponerla para hacerla venir varias veces. ¡Maldita sea! Tenía tantas ganas de tenerla en ese instante, pero no podía y la razón era por haber sido estúpido y haberla despedido. ¡Ah!, gemí y seguí moviendo la mano de arriba a abajo en mi m*****o. Pensando en que eran las manos de Rachel que lo hacían por mí. Unos minutos después, me corrí y aunque no hubiera follado con ella en persona, lo había hecho en mi mente, lo que también fue placentero y no podía quejarme. Finalmente, no tuve más remedio que satisfacer mis necesidades en solitario y, aunque no era lo mismo que estar con Rachel, me alivió momentáneamente. Poco después, me quedé dormido, afortunadamente, sin desvelarme con el llanto de la niña esa noche.
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