Algo hacía que Viviana fuera seguido a visitar a Cinthia. Ese impulso extraño, desconocido, fuerte, vehemente y tenaz la empujaba, siempre, a verla y lo hacía llevando una bolsa de galletas de animalitos que compraba en el supermercado que estaba en Arenales. A la hermana de Macedo le encantaban y lo probaba con un filtrante de manzanilla calentita. -¿Cómo sabías que me gustaban esas galletas?-, le preguntaba ella divertida, haciendo brillar sus ojos. Vivi, en realidad, no lo sabía. Los compraba por ese raro instinto que hacía fuera a su casa, casi en forma mecánica. -Lo supuse-, decía contagiada por la risa de su amiga. Cinthia le servía también manzanilla. -Mauro no tenía f*******: ni r************* , no le gustaba, dijo Cinthia, sorbiendo la manzanilla y haciendo crujir con deleite l

