Para Viviana fue una decisión difícil en medio de su llanto a gritos y el dolor que le abría el pecho y le arranchaba el corazón a pedazos. Lo meditó toda la noche, sin poder dormir pero ella ya había decidido terminar su romance con Helena, aún estremecida por los besos y caricias de Rafael, exhalando sexo en su aliento y con la candela aún humeante en sus poros y en todo su cuerpo. No podía seguir con ese juego absurdo, en medio de su terrible disyuntiva, agobiada por el asesinato de Macedo y los crímenes cometidos por Ibarra. Sufría demasiado, sabía que amaba a Helena y necesitaba de sus besos y caricias, pero Rafael debía ser la razón de su vida. Además, se convenció que corría peligro porque se había sumergido demasiado, en ese infierno de muerte y sangre que era el submundo de Ibarra

