— Te dije que no me gusta verte fumando. Nash bufó cuando ella le quitó el cigarro de la boca y lo apagó. — Quién diría que alguien con tu personalidad y apariencia en realidad fuera una santa. ¿No sabes lo relajante que es encender un cigarrillo luego de tener sexo? Ella estaba abrazada a él, sin embargo Nash era incapaz de mostrarle aunque sea la más mínima cantidad de afecto. Cuando vio la hora en su móvil Daisy supo que estaba por hacer lo mismo de siempre. — Ya debo irme, tengo cosas que hacer. Luego se ponía de pie cubierto por la sábana blanca y trataba de buscar su ropa donde sea que la tiró para marcharse y dejarla ahí, igual que todas las veces anteriores. Pero solo por esta vez Daisy trató de detenerlo. — ¿Qué tanto tienes que hacer a las tres de la mañana? Nessie no te es

