Belisa estaba exhausta. Cada segundo de pelea contra Eva era agotador. Ya no podía más. Y la gárgola seguía peleando sin mostrar cansancio. Era muy fuerte. Un contragolpe hizo volar a Belisa por el aire, hasta ser detenida por un árbol. El árbol se partió en dos, y cayó sobre ella junto con dos más. Había quedado atrapada. ―¡Vaya, vaya, vaya! ―dijo Eva acercándose a ella―. La cazadora fue cazada ―aplaudió. ―¡No te saldrás con la tuya! ―Ya lo veremos ―le propinó una patada a uno de los troncos, y lo hizo volar. Sujetó a Belisa por el cuello, la levantó y luego la estrelló contra otro árbol. La homingel quiso usar sus armas, pero las había perdido en el último ataque que recibió. Eva nuevamente la estrelló contra otro árbol, y luego la lanzó contra la roca que estaba en medio del río; l

