La luz del sol desaparecía lentamente mientras sus últimos rayos se esfumaban entre la flora del lugar.
Aquella pálida figura de piedra comenzó a llenarse de color y vida. Los colores se avivaron y la vida floreció en cuerpo de Brian. Unas pequeñas grietas se formaron entres su ropas y al mover su cuerpo diminutos pedacitos de piedra saltaron, esparcidos a su alrededor.
―¡Brian! ―exclamó Katiana, llena de felicidad, abalanzándose sobre él y apretándolo contra su cuerpo.
―A pesar de todo… aun sigues aquí ―dijo el joven con voz tenue sin levantar la mirada.
La joven lo miró enternecidamente, le levantó la cara y dijo casi en un susurro.
―Te lo dije. Nunca me alejaré de ti.
Katiana acercó sus labios a los de Brian y lo besó suavemente. Él la levantó, poniéndose de pie sin dejar de besarla. Ella lo abrazó con sus piernas envolviéndolo por la cintura para luego empujarlo haciéndolo caer sobre sobre la hierba. Metió sus manos por debajo del suéter del muchacho y se lo quitó halándoselo hacia arriba. El cuerpo de Brian estaba marcado y tallado por el ejercicio constante. No era una musculatura abundante y extravagante, pero sí muy atractiva y excitante.
Las ropas volaron y se convirtieron en un tendido sobre la hierba. Lo que quedaba del vestido que cubría el pecho y el cuerpo de Katiana, había desaparecido. Ahora Brian llenaba su blanca y suave piel, con besos y caricias.
Las manos del joven Jackson se deslizaron con suavidad recorriendo las delicadas facciones del cuerpo de la muchacha. Los suspiros surgían y el ambiente se llenaba de fogosidad. Pasión emanaba entre los enamorados y todo lo que había pasado horas antes se había olvidado.
―¿Era tu primera vez? ―susurró Brian minutos después del intimó encuentro.
―Sí ―afirmó ella, asintiendo al tiempo. Sus mejillas se ruborizaron.
―También la mía ―dijo él sonriendo.
―¡Brian! Eres un mentiroso ―le propinó un puño en uno de sus brazos.
Él se echó a reír, y una sonrisa tiró de los labios Katiana. Levantó su mano y volvió a golpearle el brazo justo sobre su marca.
―Ahusf ―se quejó.
―Perdón, tenías un mosquito ―se excusó aún muy risueña―. ¿Los golins pueden sentir? ―preguntó, pero no esperó respuesta―. Vi tu video, pero hay cosas que no me quedan claras.
―Claro que sentimos, somos como cualquier humano.
―¡Que sorpresa, un humano que se convierte en piedra con la luz del sol, que es más fuerte que cualquier otro y muchos más resistente! Todo muy normal. Sí, como cualquier humano.
Ambos rieron.
―¿Cómo es que antes, has podido salir en pleno día? ¿Has bebido sangre?
―No, claro que no. Verás, con el paso del tiempo, los golins se multiplicaron poco a poco. Pero de igual manera eran exterminados por los hombres y otros enemigos. Los destruían en el día, cuando dormían en su estado de piedra. Al transcurrir algunos milenios las gárgolas y los golins buscaron la manera de evitar la transformación y la encontraron en la sangre. Beberla les da el poder para evitar la transformación en piedra. Pero no todos los golins toman sangre humana. Algunos la beben de los animales.
―Tal y como me lo contaste la primera vez, es algo parecido a los vampiros ―la muchacha hizo una pausa y luego preguntó―: ¿cuánta sangre necesitan para posponer la transformación por un día?
―Un cuarto de litro es suficiente.
―O sea que un litro alcanzara para cuatro días.
―Solo para dos; tendrás que incluir las noches. Un cuarto de litro por doce horas, medio litro por veinticuatro y un litro por cuarentaiocho. Pero solo son solo aproximaciones.
Katiana bajó la mirada; sentía miedo. Aun sin demostrarlo, Brian podía sentirlo. Por una extraña razón el joven tenía un instinto que le indicaba cuando la muchacha no estaba bien, al igual que le intuía a saber el lugar en donde ella se encontrara.
―¿Qué pasa Katy? ―preguntó acariciándole la mejilla.
―En cuánto las gárgolas necesiten más sangre para andar en el día, ¿van a volver matar? ―Brian asintió―. ¿Por qué no toman la sangre de animales?
―Son asesinos. Cuando beben sangre humana con la copa de oro y plata, duplican los días, el efecto se hace más duradero y se vuelven más fuertes, al igual que un vampiro que se alimenta de humanos.
―Por eso es que necesitan la copa: para duplicar el efecto y volverse más poderosos ―se sentó―. Ojala nunca la encuentren.
―Eso tampoco es bueno ―Katiana lo miró sin comprender―. Si no la encuentran tendrán que matar más seguido. Cuando una gárgola o un golin, bebe sangre humana, debe seguir bebiéndola o su cuerpo se deteriorara, aún sin importar si es de día o de noche. Por esa razón tendrán que beberla por el resto de sus vidas.
Katiana se mostró desalentada.
―¿Existe alguna forma para dejar de ser una gárgola o un golin? ―preguntó.
―Sí. En caso de que tuvieras un legado, otro tendría que tomarlo. Ejemplo: yo solo tengo que ofrecértelo y tú debes aceptarlo. Así se traspasa.
―O sea que si tú me ofreces tu legado y yo lo acepto… ¿yo pasare a hacer una golin y tú volverás a ser un humano?
―Sí, pero nunca haré eso, nunca te lo permitiría. Ser una golin es más una maldición, que tener un poder.
―¿Alex es tu ancestro? ―preguntó casi sin dejarlo terminar.
Él se sentó y la miró ladeando la cabeza.
―Veo que te das cuenta de todo ―contestó.
Katiana dejó salir un sonido entre sus dientes que pareció ser una risa.
―Entonces, Brian Jackson ¿Cómo es que has salido en pleno día sino has bebido sangre?
Brian metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una papeleta con un polvo gris.
―¿Es droga? ―preguntó la muchacha, sorprendida.
―¡Claro que no! ―sonrió casi riendo―. Se llama grisól: es una roca mineral que se encuentra en ciertos terrenos volcánicos, la bebemos disuelta en agua. Es mortal para los humanos pues destruye su organismo. A nosotros no nos afecta porque somos más resistentes, pero aun así debemos tomar pequeñas proporciones. Si bebemos demasiada, nos producirá alguna hemorragia o heridas internas, pero de igual manera nuestro organismo se reparará. Pero sin importar la cantidad que se ingiera el efecto durará 12 horas. La razón por la que muchos golins prefieren la sangre humana o animal en vez del grisól, es porque el grisól no los vuelves más fuertes, además que al principio quema un poco. Y como no bebo sangre, a veces debo permitir que mi cuerpo se convierta en piedra; eso renueva mis fuerzas, así no tendré mucha desventaja al momento de pelear.
―¡Wao! ―dijo la joven impresionada―. Que interesante son ustedes ¿Hay algo más que deba saber sobre los golins y las gárgolas?
El joven alzó la mirada buscando en su memoria.
―Sí ―contestó―. Las gárgolas y los golins pueden cambiar su apariencia
―¿Enserio? ―preguntó asombrada―. Eso nunca lo escuché.
―Claro. Si eres una gárgola o un golin, puedes cambiar tu rostro, al igual que diversos rasgos físicos como la textura, el color de piel o el cabello… además de otras cosas.
―Pero, ¿Cómo pueden hacer eso? ¿Cómo pueden cambiar su apariencia?
―Es algo muy agotador. Solo se puede hacer cuando nos encontramos en nuestra forma de piedra. Aunque a veces no es muy conveniente hacerlo, pues no volvemos presa fácil ―Katiana frunció el ceño sin entender el por qué. Brian siguió diciendo―. Si alguien ataca a un golin o a una gárgola, después de que esta ha hecho una transformación física, lo vencería con mucha facilidad. El golin que ha efectuado la transformación no tendría suficientes fuerzas para pelear.
―¿Por qué? ―preguntó la muchacha.
―Nuestras energías se agotan cuando concentramos todo nuestro poder para lograr el cambio físico. Despertamos exhausto y necesitamos mínimo doce horas para descansar y así poder recuperarnos.
―Que agotador… ―dijo con voz cansada.
―Demasiado agotador. Pero las cuatro gárgolas padres son muy diferentes a los decimo descendientes. Si alguna de ellas quisiera cambiar su apariencia seis veces en un solo día, lo podría hacer sin ningún problema. Son más poderosas que nosotros. Todo el poder gárgola descendió de ellos hacia los decimo descendientes, hacia los golins. Sus habilidades son mejores que las nuestras.
―¡Wao! Sí que son poderosos ―dijo la muchacha. Miró a Brian y él asintió―. ¿Es posible que el sujeto que me persiguió no sea un golin, sino una gárgola?
―Es muy posible.
―En caso de que él me quisiera engañar, y se convirtiera en mi madre ¿cómo podría saberlo? ¿Cómo lo identifico? ―preguntó asustada.
―Primero que todo ―contestó levantándose y poniéndose la ropa―, una gárgola o un golin hombre, no puede tomar la forma de una mujer.
―Qué alivio… ―dejó salir un suspiro, y se puso en pie para también vestirse.
―Y segundo… no importa que forma tome. Siempre conservará su altura y contextura física: gordo, flaco, bajo, alto… son características que nunca cambian y solo podrá imitar la voz de la persona si ya la ha escuchado antes.
―Comprendo. Lo tendré muy en cuenta. ¿Alguna vez has cambiando tu apariencia?
―Sí. Sola una vez; pero no lo he vuelto hacer… no ha sido necesario. Okey ―se apresuró en hablar. Quería evitar más preguntas sobre el asunto―. Ya es hora de volver. Todo el mundo debe estar loco buscándote.
―Estefany me la va a pagar ―dijo furiosa, terminando de vestirse. Brian volvió su rostro a ella―. Estoy segura de que fue ella quien le echó algo a mi bebida. Ella me drogó.
―Katy, debes de tener más cuidado ―dijo mirándola a los ojos―. No quiero que nada te pase.
Ella asintió con la cabeza. Brian la tomó en sus brazos y la levantó hasta su pecho.
―Sujétate bien ―guiñó un ojo.
―Okey. Solo no me dejes caer ―se le abrazó al cuello.
―No lo haré.
Brian dio un salto de más de diez metro y cayó falda abajo de la montaña. Luego corrió a una velocidad extraordinaria.
Katiana sintió el viento que se rompía tras su paso y sacudía su cabello. Era como si montara sobre un veloz caballo salvaje, pero este no parecía cansarse. La joven notó que la piel de Brian era suave y cálida; el olor de su cabello era una mezcla de madera, y el perfume de sus ropas no habían desaparecido, aunque horas antes se había tornado en piedra.
Los jóvenes atravesaron colinas y montañas; cañadas y despeñaderos, hasta que al fin avistaron el resplandor de las luces del pueblo que titilaban constantemente.
―Brian, espera ―dijo ella cuando ya faltaba poco para llegar. El joven se detuvo―. Es Óscar. Él también busca la copa. Dijo que era un agente y que está buscando a los asesinos. Creo que fue él quien le disparó la flecha a la mujer gárgola.
―Creo que siempre lo he sabido ―dijo el joven circunspecto―. El sospecha de mí, y de Alex. Aunque la verdad… él ya debe saber quiénes somos. Estoy seguro de que es un cazador, pero no uno ordinario. Tiene dones especiales.
Katiana se volvió Brian.
―Me hice amiga de él. Parece ser bueno conmigo… solo es una amistad.
―Tranquila, eso no me enoja ―se le acercó y la tomó de la cintura―. Solo quiero que tengas cuidado.
―Lo tendré ―lo abrazó con fuerza y dejó salir un profundo suspiro.
Se miraron a los ojos, sus labios se acercaron, pero el celular del Brian comenzó a timbrar, interrumpiéndolos.
―Es Alex ―dijo mirándola el identificador―. Hola Alex ¿Qué ocurre? ―dijo al contestar.
―Hoy vinieron a preguntar por ti y por Katiana ―respondió el muchacho, a través de la bocina.
―Okey, estamos bien. Ya estamos por entrar al pueblo.
―Bien Brian, nos vemos.
La llamada terminó, y Brian destrozó el celular con una de sus manos.
―¡Brian! ―exclamó Katiana, sin entender―. ¿Qué haces?
―¿Qué crees que diga tu madre cuando sepa que todo el tiempo tuve mi celular y no la llamé?
―Eres astuto ―dijo la joven entrecerrando los ojos.
―Solo un poco ―reflejó un poco de picardía.
La pareja caminó hasta la casa de Elena Uribe, el lugar en donde se había realizado la fiesta. Allí estaba estacionada la Toyota, y junto a ella había un par de policías.
Los policías dieron aviso al inspector y al sargento. Ellos aún continuaban con la búsqueda. Brian y Katiana subieron a la camioneta y se desplazaron hacia la casa de la joven. Al llegar allí se encontraron con muchas personas que los esperaban.
Lina al ver a su hija se abalanzó sobre ella y la abrazó para después llorar. Después de un rato, Katiana y Brian se ducharon (por separados) y se vistieron. Javier le presto algo de ropa al joven Jackson y en cuanto el inspector hubo llegado se reunieron en la sala.
―Katiana ―dijo Lucas―, lamento mucho lo sucedido. Parte de la culpa es de mi hijo Merson, pero créeme que recibirá su castigo.
―Eso espero ―dijo Katiana enojada, al recordar el momento en que fue raptada.
―Eh, si, si… yo me encargaré de él ―se rasco la nariz.
―Y dígame inspector ―miró a su madre y luego volvió a enfocarse en Lucas―, ¿ya encontraron a la persona que me drogó?
―Eh… no aún no, pero estoy investigando ―bajó la mirada―. Lo más probable es que nunca lo sepamos. A menos que alguien lo delate.
―O la delaten ―dijo ella, refiriéndose a Estefany.
―Bueno… sí, en el caso de ser mujer…
―¿Pero qué es eso Lucas? ―dijo la madre de Katiana enfadada, al tiempo que sacudía los brazos―. ¿Cómo va hacer posible que en una fiesta de jóvenes se esté repartiendo drogas? ―el inspector trató de hablar pero ella continuó―. ¿Cómo es posible que le den droga a alguien de manera inconsciente? ¡Hay que tomar medidas serias! Este es un pueblo limpio, de jóvenes y gente sana y educada.
―Sí, sí, sí Lina ―tartamudeó el inspector―. Estamos investigando a todos los que tuvieron contacto con las bebidas. Otro joven también resultó drogado.
―¿Otro joven? ―preguntó Javier.
―Sí, el joven indígena. Eh… ¿Cómo se llama? ―buscó en su memoria―. ¡Fernando! Fernando es su nombre en la civilización.
―Claro, debió de haber bebido cualquiera de los otros dos vasos ―dijo la muchacha. El inspector la miró analizando lo que decía―. Sí. Sobre la bandeja había tres vasos. Los tres tenían droga, porque fui yo misma quien eligió que vaso tomar.
―¡Estoy segura de que las muchachas que sirvieron las bebidas están implicadas! ―volvió a hablar Lina, disgustada―. Alguna debió haberse dado cuenta.
―Posiblemente ―dijo el inspector poniéndose de pie―. Estaremos investigando.
―Espere señor inspector ―dijo la muchacha. Hizo una pausa y luego continúo―. ¿Qué fue lo que paso en la colina? Escuché unos disparos.
―La gitana estaba merodeando. Merson le disparó pero no pudo darle.
―¿Él padre de Biky le contó sobre el hombre que vimos en la cabaña de la colina del cementerio y la copa que tenía un poco de sangre en el interior?
Lina frunció el entrecejo. No estaba enterada de eso.
―Sí. Fuimos al lugar pero no vimos ninguna copa. Tampoco encontramos a ningún hombre. Hace mucho tiempo que nadie pasaba los linderos del cementerio. Yo mismo estuve en ese lugar y no había ninguna cabaña. Alguien debió de haberla construido. La construyeron y no nos dimos cuenta. Creemos que algunos materiales que se usaron para construirla fueron tomados de la bodega de la casa del señor Martín, el antiguo cuidandero del cementerio. Su vivienda está ubicada en el lado derecho del campo. Hace cuatro meses encontramos la bodega vacía y a él lo encontramos muerto dentro de ella. Ya era un esqueleto. No sabíamos por qué había muerto; pensamos que lo más probable es que hubiera sido por causas naturales, y medicina legal lo confirmo así. No hicimos confidencial lo sucedido para no causar alboroto en el pueblo.
―¡Qué horror! ―exclamó Lina.
―Inspector ―volvió a decir Katiana. Miró a Brian quien yacía sobre un sillón y luego se volvió a enfocar en el hombre―. Creo que hay alguien más involucrado en el asesinato. La mujer no está sola, también hay un hombre ―hizo una pausa y pensó. No quería que su madre se enterara de que un asesino la había perseguido para matarla, aquella tarde de lluvia―. Inspector, alguien cuyo nombre no puedo revelar, me dijo que hace unos días, mientras llovía, vio a un sujeto con una capa impermeable caminando por las calles del pueblo, con un enorme cuchillo. Téngalo en cuenta por favor.
Lucas guardó silencio.
―Está bien. Gracias por la información ―dijo al final, dirigiéndose a la salida―. Ahora me tengo que ir. Hasta luego. Que descansen.
―Adiós Lucas, muchas gracias ―dijo Javier acompañándolo hasta la puerta.
Lina se acercó con prontitud hasta Brian y le tomó la mano.
―¡Ay, Brian! ―dijo―. No sabes cuan agradecida me siento contigo. Gracias por haberme traído a mi bebé a salvo.
Katiana bajó el rostro, mientras una sonrisa se dibujaba en su cara.
―Señora Lina, es mi deber cuidar de Katy ―respondió el muchacho.
Lina se puso sensible y lágrimas salieron de sus ojos.
―¡Gracias! ¡Muchas gracias, Brian! ¡Gracias por encontrarla y traerla a salvo! ―se abalanzó sobre él, abrazándolo sin contenerse―. Eres el mejor yerno que una mujer puede tener.
Brian sonrió.
―Muchas gracias Brian ―le agradeció Javier, después de que Lina lo soltara.
―Brian, gracias por traer a mi hermana a salvo ―dijo Andrés, el hermano menor de Katiana―. Ya que ella está bien, seguimos siendo cuñados y eso me agrada.
Todos se miraron perplejos y sonrieron.
―A mí también me agrada ser tu cuñado, Andrés ―puso su mano sobre la cabeza del niño―. Eres el mejor cuñado que tengo ―le guiñó un ojo.
Se escucharon un par de motocicletas detenerse a la entrada de la casa. En una de ellas llegó Biky y Samúel, y en la otra Óscar, su motocicleta era nueva. Biky y Samúel entraron a la casa, pero Óscar decidió esperar afuera.
―Buenas noches ―dijo Samúel al ingresar a la casa.
―Buenas noches ―contestaron todos.
―¡Katy estas a salvo! ―gritó Biky, abrazando a su amiga―. Y sí que te vez terrible ―frunció el ceño.
―Por supuesto. Llevo un día sin comer ―explicó Katiana.
―¡Cielos! ―exclamó Lina, apresurándose en ir a la cocina. Estaba tan feliz de que Katiana hubiera regresado a salvo, que olvidó preparar la cena―. Hay que darte algo de comer de inmediato. Yo me encargo de eso.
―¡Genial! ―exclamó Samúel―. ¿Me puede dar un poco a mí, señora Lina?
―Claro, todos vamos a cenar ―respondió desde la cocina.
Pasado un rato todos estaban sentados a la mesa, conversando y cenando unas deliciosas salchipapas.
―Mmmm, que rica está esta salchipapa, señora Lina ―dijo Samúel, mientras se embutía unas cuantas papas con salchichas, queso y ensalada.
―¿Por qué Óscar no entró? ―preguntó Katiana.
―No quiso ―respondió Biky―. Dijo que nos esperaría afuera.
Katiana miró a Brian y él le arqueó una ceja.
―¡Ah! Casi lo olvido ―continúo Biky―. ¡Felices vacaciones!
―Cierto, hoy terminaron las clases ―afirmó Samúel, con la boca llena de comida.
―Hasta que por fin ―dijo Katiana con un tono de alivio―. Hace más de quince días que todas las escuelas del departamento finalizaron las clases. Llegó diciembre y nosotros aun íbamos al instituto. Que aburrido.
―Sabes bien que el retraso se debió a la perdida de clases que tuvieron durante el año. Todo debido a los paros escolares que hubo ―justificó su madre.
―Bueno muchachos, un año nuevo está por comenzar ―dijo Javier alargando el brazo para tomar la salsa―. Muchas cosas nuevas los esperan.
La conversación continuó durante toda la cena. Cuando se hicieron las 10:00 p.m. Biky, Samúel y Óscar, se marcharon. Luego, Brian se levantó de la sala y se dispuso a volver a su casa.
―Muchas gracias por la comida señora Lina ―agradeció Brian mientras salía del lugar.
―Brian… solo dime Lina, por favor ―dijo sonriente.
Katiana y Javier se miraron a la cara y asintieron sorprendidos, al tiempo que ensanchaban los labios.
―Está bien… Lina ―sonrió―. Adiós, que descansen.
El joven salió de la casa, subió a su camioneta y Katiana se apresuró en llegar hasta él. Le dio un beso por entre la ventanilla y preguntó:
―¿Te veo mañana?
―¿Tú que crees?
Ella sonrió.