Katiana yacía sentada en medio del recibidor. Ya casi todos los invitados se habían ido, y los que quedaban en la quinta Gautier solo debatían sobre lo que había pasado. ―¡Esto es una farsa! ―exclamó Lina indignada―. Mi yerno no es ningún criminal. ―¡Así es! ―le apoyó Javier―. Él y su primo son buenos muchachos. ―Pero si es así, ¿entonces por qué no aparecen? ―preguntó Merson sonriente, dirigiendo su mirada hacia Katiana. ―Vamos Merson ―dijo Samúel desde un sillón―. A puesto que si trataran de incriminarte, tú te ocultarías sin importa si eres o no inocente. ―¿Por qué haría eso? ―Porque es más fácil demostrar, aclarar y encontrar las pruebas, estando libre que encerrado en una celda, tontico ―contestó Biky. El muchacho guardó silencio. ―Ya ves… ella es más lista que tú ―dijo Samúel

