El par de jóvenes condujeron por el camino que llevaba hacia la ciudad, hasta llegar a Cabañas Blue. Estacionaron el auto en el parqueadero, y luego compraron un Pasa Día para dos personas. Así nadie las molestaría por rondar en el lugar. ―¿Sabes en cuál de todas estas cabañas se hospeda? ―preguntó Katiana llena de nervios. ―Por supuesto ―contestó desde una silla asoleadora. ―Y… ¿Cómo vamos a entrar? A excepción del balneario, el lugar está lleno de cámaras. Si nos ven tratando de entrar por una ventana nos meteremos en problemas. ¿Y adivina quien nos va a arrestar? Tú padre. ―¡Ya! ―exclamó en un susurro. Katiana dio un pequeño saltito―. ¡Basta Katiana! Relájate. ―Okey, okey, okey, okey. ―Mi padre no nos va a arrestar. De seguro que está ocupado con esa mujerzuela, por ahí. ―Eso es

