Capítulo 3

1632 Words
Una hora después todo el instituto se dirigía camino al cementerio para participar del sepelio. Katiana y sus compañeros caminaban casi al final de la multitud. ―¿No les parece curioso? ―preguntó Samúel―. Digo, nuevamente llevamos el cuerpo del profesor Luís al cementerio. ―¿Qué es lo curioso en eso? ―preguntó Katiana sin dejar de mirar hacia adelante. ―Pues que lo van a enterrar en el mismo lugar en donde asesinaron. ―¡Vaya! ―exclamó la muchacha―. No lo había visto así ―lo miró y ambos asintieron. ―¡Ey! ¡Katy! Mira quien está por allá ―indicó Biky señalando a la multitud―. Tu loco admirador e incansable conquistador. ―¿Quién? ¿Merson? ―preguntó Katiana, sin mirar hacia la dirección. ―¡Ah! pero de inmediato sabes que es él ―le dio un golpe en el costado. ―Bueno, es el único que está tratando de conquistarme. ―No. No es cierto ―renegó―. Hay muchos chicos en este instituto que se mueren por ti. Eres la chica más linda y sexy de la escuela. ―Que se mueran por mí no significa que me estén conquistando. Eso es muy diferente. ―Pues justo hace una hora un chico te estaba coqueteando después de que tú lo atropellaras ―Biky entrecerró los ojos―. Espera, espera, no es así: tú le estabas coqueteando. ―Biky, siempre estas exagerando las cosas. Solo nos cruzamos y hablamos un poco. Ni siquiera sé su nombre. La rubia guardó silencio, se detuvo al pie del camino y comenzó a jadear. ―¿Ya estás cansada? ―preguntó Samúel mientras bebía un poco de gaseosa―. Vamos, solo hemos caminado un poco. ―Hablando de caminar ―dijo Biky pensativa―. Dime Katiana ¿Quién te trajo hoy al instituto? Elena me dijo que esta mañana te vio salir de una Toyota Prado. Una sonrisa curveó los labios de la joven al recordar a Brian, el chico que le había dado el aventón. ―¡Oh! Esa sonrisa me dice algo. Dime, ¿Qué cosa no me has contando? ―Yo mejor me voy por allá ―murmuró Samúel, incómodo. Se apartó de las chicas y se unió a otro grupo. ―¿Sabes Biky? creo que le gustas a Samúel. ―¿Qué yo le gusto? ¡Por favor Katy…! tú eres quien lo tiene loco ―hizo una pausa y exclamó―: ¡Ey! No me cambies la conversación ―le golpeó un hombro―. ¡Habla! ¿Quién te trajo? ―¡Okey! Okey. Pero sin violencia por favor ―la joven sonrió y levantó la mirada―. Me trajo un chico… se llama Brian. ―¿Brian? ¿Brian Jackson? ―preguntó Biky sorprendida. ―¿Lo conoces? ―Ha venido algunas veces a Villa Bolívar. Su padre fue Robert Jackson, su abuelo fue cofundador de este pueblo. Vivian, o creo que aún viven en la mansión Gautier, es de su propiedad. Katiana se vio pensativa. Ahora sabía porque Brian le era tan familiar: Sandy, su padre, era amigo de Robert. ―Cierto… ―dijo aun buscando en su memoria―. Cuando era niña papá me llevaba a ese lugar. Eso fue hace diez años. No recuerdo bien a su padre, pero Brian me fascina. Biky extendió su brazo sobre los hombros de la muchacha. ―Dicen que es un chico muy guapo y atractivo. ―La verdad sí, es guapísimo ―se mordió el labio―. Y… ―aspiró un poco de aire y luego lo volvió a soltar sin terminar la frase. ―Y… ¿Qué? ―¡Y…! tiene un encanto inexplicable. Me sentí súper atraída por él. ¡No sé cómo explicarlo! ―¡Amiga! ¡Sí que te gusta! Ambas gritaron emocionadas. Gritaron tan fuerte que los otros estudiantes volvieron sus rostros hacia ellas. ―Siiff, Biky, deja el escándalo ―susurró Katiana―. Todos se van a ente… ―¿Quién tiene un encanto inexplicable? ―preguntó Merson Beltrán, acercándoseles. Merson era el hijo del inspector Lucas y el hermano mayor de Estefany, una archienemiga del dueto de amigas. El muchacho tenía un carácter explosivo y arrogante, además que era un patán. Katiana y Biky se miraron a la cara sin saber qué hacer. ―Un chico con el que Katiana está saliendo ―contestó Biky como si disfrutara al referirse hacia Brian, pero solo lo hizo para inquietar al muchacho. Katiana miró con sorpresa a su compañera. No pensó que se lo diría así como así. Pensó por un par de segundos y no le dio importancia al asunto. No tenía nada con Merson. Dos meses atrás lo había besado y habían hecho una que otra salida, pero no había nada entre ellos. ―¿Enserio? ―preguntó sorprendido sin dejar de mirar a Katiana―. Debe ser algún imbécil. No será ninguna competencia ―dejó a las muchachas y regresó con sus compinches no sin antes tirarle un beso la joven Rodríguez―. ¡Yo seré quien te conquiste! ―gritó. Katiana sintió un alivio al ver que Merson se había marchado de inmediato. No quería ser cuestionada por él. ―Pero ¿Qué crees que haces? ―le inquirió Katiana a Biky tirándole del brazo. ―¡Aush! ¡Cuidado! En dos meses comienza el campeonato de tenis. Debo estar completa para eso. ―Biky, no puedes estar diciéndoles a todos lo que me pasa. Además aun no estamos saliendo. ―¡Ey! ¡No me trates de chismosa! Y claro que sí. Hoy saliste con él, venias en su auto, te trajo a la escuela. Bueno… no como pareja, pero si en el sentido literal de la palabra, y así es comienza todo. Dime si no disfrutaste su paseo. Katiana calló y luego sonrió. ―Bueno sí. ―Okey. Recuerda cenicienta: tienes un futuro con Brian. No lo olvides ―hizo una pausa―: la verdad Katy, no sé cómo perdías el tiempo con ese idiota de Merson. Es un patán, un mujeriego, varias personas que lo han visto por el río consumiendo drogas y de seguro que son las que su padre el inspector, decomisa. Pasado un rato todos llegaron al cementerio del pueblo. La sepultura se realizó y los estudiantes se esparcieron por el lugar. Katiana y Biky se pasearon por entre la tumbas y se acercaron al lugar del asesinato, el cual estaba marcado con una cinta amarilla que yacía tirada sobre el suelo. ―Qué miedo ―susurró Katiana abrazándose el pecho. ―¿Sabes que decían del padre de José? ―le preguntó Biky, mirando a su alrededor para cerciorarse de que nadie la escuchara ―Katiana guardó silencio y esperó a que ella se contestara―. Se acostaba con mujerzuelas ―le susurró al oído. ―¿Enserio? ―Katiana arrugó la cara. ―Si… era todo un bandido. A todo momento iba al prostíbulo ―volvió a verificar si había alguien cerca―, algunas chicas dicen que les ofrecía pasar sus calificaciones por sexo. ―¡Qué asco! ―musitó llena de repulsión. El teléfono celular de Biky comenzó a timbrar. Tenía una llamada entrante. Contestó y se retiró a varios metros para hablar; luego, poco a poco se fue alejando mientras conversaba. Katiana se quedó de pie observando el lugar en donde el hombre fue asesinado. Se agachó y acercó su rostro al suelo para descubrir unas diminutas esquirlas de piedra; recogió un par de ellas y las examinó. ―¿Es extraño, verdad? ―dijo una voz no muy familiar a sus espaldas. La muchacha se levantó de inmediato dejando caer las esquirlas sobre el suelo. Se había asustado. Giró su cabeza y vio al chico que había estrellado en los pasillos del instituto. ―Perdón por asustarte ―se disculpó el joven. ―Tranquilo, no eres el único que hoy me ha asustado ―le brindo una amigable sonrisa. ―Me llamo Óscar. ―Yo soy Katiana. Es un gusto, Óscar. ―Lo mismo ―sonrió apretando los labios. Katiana dirigió su vista hacia el lugar del asesinato y luego volvió a mirar a Óscar. ―¿Qué es lo extraño? ―le preguntó. ―Que solo hay unas pocas gotas de sangre. Se supone que lo degollaron. Katiana examinó el lugar y vio que Óscar tenía razón. Al maestro Luís le habían cortado la garganta pero la sangre sobre el suelo y sobre la tumba era mínima. ―¿Crees que lo mataron solo para extraerle la sangre? ―preguntó aterrada. ―Así parece. Lo degollaron y recogieron su sangre. Lo dejaron completamente seco. ―Pero… ¿Quién haría algo así? Algo tan horrible. El muchacho metió las manos en sus bolsillos y rodeó la tumba; luego se detuvo y dijo: ―Katiana, este mundo está lleno de sorpresas y misterios; es más anormal de lo que crees… puede que algún día lo descubras. La muchacha se quedó pensando en sus palabras y en lo sucedido. Dentro de sí misma se preguntó: «¿Será que alguien necesitaba un donativo de sangre y quiso tomarlo de esa manera? Pobre José debe de estar destrozado por el asesinato de su padre». ―Adiós Katy. Te veo otro día ―se despidió Óscar y caminó hacia la salida. ―Adiós, gracias por la compañía. ―Recuerda lo que te dije ―se detuvo y la miró fijamente―. No dudes tanto en creer en lo sobre natural. Y habiendo dicho esto dio la espalda y se marchó.
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