¡Vivo Una Mentira!

1192 Words
Alejandro se acerca a su hermano y a Verónica tan lentamente, que parecía estar contando sus pasos, cuando llega frente a ellos, dice con un tono de voz un poco burlesco. —¡Felicitaciones! Que bien escondida la tenías Rodrigo. ¿Qué? ¿Tenías miedo de que alguien te la quitará? Verónica lo mira enseguida, Alejandro la impacta inmediatamente, sus ojos verdes intensos y su voz grave lo hacían ver y sentir imponente, casi la hacía temblar. Rodrigo lo mira y con risas le responde. —Jajaja, no hermanito, sabes muy bien que nunca tengo miedo, pero los tesoros más valiosos se deben tener en secreto, eso es una regla ¿Acaso no lo sabes?. —Ya veo —le contesta Alejandro a Rodrigo, para enseguida agregar—. ¿Señorita? Bienvenida a la familia Bianchi, espero que no se lleve una decepción con nosotros, o mejor dicho, con mi hermano —le dice Alejandro a Verónica, mientras mira a Rodrigo. —Gracias —le responde Verónica, de manera cordial, mientras trata de mirarlo directamente, algo que la mirada penetrante de Alejandro no se lo permitía. —¿Porque debería llevarse una decepción? —le pregunta Rodrigo a su hermano con tono serio, dejando ver la rivalidad que existía entre ellos. —¡Tranquilo! Solo estoy jugando —le responde Alejandro con una sonrisa burlesca a su hermano mayor. —Sabes perfectamente que no me gustan tus juegos —le responde Rodrigo. Enseguida toma a Verónica por el brazo, y le dice. —Mejor te llevo a conocer a mi padre, él si vale la pena ser presentado. —Jajaja. Eso fue muy descortés, hermano —dice Alejandro sin ninguna preocupación. Alejandro observa detalladamente a Verónica mientras ella se aleja, él la mira de pies a cabeza, sin dejar un solo detalle al aire. Después de la cena, Rodrigo anuncia la fecha de la boda, la cual sorprende nuevamente a Verónica. Alejandro solo escuchaba mientras tomaba una copa de vino, sus ojos siempre estaban posados en Verónica, simplemente no podía dejar de mirarla, su belleza lo tenía hipnotizado. Esa noche había sido maravillosa para Verónica, no se esperaba quedar comprometida con Rodrigo y muchos menos con fecha de boda, había sido un éxito total la velada Y para cerrar con broche de oro, ella y Rodrigo hacen el amor con pasión y locura al llegar al apartamento de ella ¿Qué más podía pedir? Verónica estaba viviendo un sueño, ella iba tener todo lo que siempre había soñado, una vida, una familia, un amor, pero los sueños se pueden convertir en pesadillas, tan rápido, que a veces ni siquiera nos damos cuenta. *ACTUALIDAD* Verónica mira las fotografías de su boda y una lágrima rueda por sus mejillas, desde esa noche, todo había cambiado para ella. Estaba hundida en sus pensamientos, cuando una de las empleadas de la casa la interrumpe haciéndola volver a la realidad. —¿Señora? ¿Desea desayunar? Ella levanta su mirada y le contesta con un tono de voz suave, pero triste, al mismo tiempo que seca sus lágrimas. —No gracias Tomasa, no tengo hambre. La empleada se retira y ella queda sentada en el sofá de la sala mirando las fotografías. En ese momento, su celular suena. —¿Hola? —¿Verónica? Soy Marie, estaba llamando a Rodrigo pero no me contesta— Le dice Marie. —Si, lo siento, él se tuvo que ir muy temprano, tenía un desayuno con un cliente muy importante, al menos eso me dijo —le contesta Verónica. —Bueno no importa, llame porque esta noche tengo una importante cena familiar y necesito que estén presentes —le dice Marie a Verónica. —Si claro, no creo que haya ningún inconveniente —le contesta Verónica. Pero mientras Verónica excusaba a su esposo con su suegra, él se encontraba desayunando, pero no precisamente comida. —¡Si...! ¡Me encantas, Rodrigo! Grita una hermosa rubia, mientras su cuerpo desnudo es cubierto por las caricias de Rodrigo. —Me enloqueces Samara, eres perfecta —le contesta Rodrigo lleno de pasión y lujuria, mientras recorre el cuerpo de la rubia. Después de un desayuno muy caliente, ambos quedan agotados. La rubia pone su cabeza sobre el pecho de Rodrigo, y con la voz aún agitada, le pregunta. —¿Por qué no la dejas? —¿De quién hablas? —le pregunta él. —De tu esposa, ¿por qué no la dejas? —le vuelve a preguntar ella. Rodrigo pone su mano sobre el pelo de la rubia, y mientras lo acaricia, le responde. —Nunca, nunca dejaré a mi esposa, Verónica siempre será mía. La mujer se enoja y se levanta sin decirle nada más, no era lo que quería escuchar, ella ya no se conformaba con ser su amante. —Samara, no te enojes, sabes que Verónica es mi plato fuerte, pero tú eres mi delicioso postre, lo mejor de la cena —le dice Rodrigo con voz sensual. —Pero quiero algo más, he soportado mucho, incluso me toco soportar que te casaras —le responde ella. —Yo te lo dije, te dije que nunca dejaría a Verónica, si no estas conforme con eso hay muchas mujeres dispuestas a darme placer extra, cariño —le responde Rodrigo con arrogancia y altivez. La rubia se queda callada y luego entra al baño. Al mismo tiempo, Verónica se preparaba para la cena, ella escogía un vestido adecuado para la ocasión, mientras esperaba la llamada de Rodrigo para decirle lo de la invitación. Mientras estaba en eso, un fuerte mareo la tomo por sorpresa, ella se sostiene de la silla para no caerse. ¿Qué me pasa? Se pregunta mientras cierra sus ojos, unos minutos después, Verónica se recupera, ella respira profundo, y sin prestar mucha atención a lo que le había pasado, sigue escogiendo su atuendo. El día paso muy rápido, y la noche llegó, Verónica había llamado a Rodrigo todo el día, pero él no le respondía las llamadas. Verónica mira el reloj, el cual marcaba las 7:00 PM, y luego se pregunta. —Rodrigo... ¿Dónde estás? En ese momento Rodrigo llega. —¡Mira que belleza! ¿Porque estás tan hermosa mi amor? —le pregunta él, dándole un beso en la mejilla. —Tu mamá llamó esta mañana, nos invitó a una cena muy importante, pero no te pude avisar porque no me llamaste y tampoco me contestaste el celular —le dice Verónica a Rodrigo un poco molesta. —Estaba ocupado —le responde él, de manera indiferente. —¿Tanto como para no llamarme en todo el día? —le pregunta ella molesta. —Verónica, sin reclamos, sabes que no toleró los berrinches —le responde él. —Pero es que... —¡Ya! Me voy a cambiar y nos vamos —la interrumpe él. Verónica guarda silencio y espera a su esposo en la sala, no podía seguir reclamando, tenía que callar, en el fondo se sentía culpable por lo que había ocurrido, ella se sentía atormentada al no poder contarle a nadie que ese hombre que la secuestro, abuso de ella.
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