Descaro infinito ― ¡Te juro que me pagaras todo lo que me has hecho! ―Mía temblaba de la furia que experimentaba. Estaban en la biblioteca de aquella casa en la que Dylan había instalado a su madre y a su hermana, por lo que Mía no podía sentirse cómoda y menos sabiendo que Paul tenía un arma oculta debajo de su chaqueta. Al escucharle pronunciar aquella amenaza, Paul sonrió con un gesto grosero como para restregar en el rostro de Mía lo mucho que disfrutaba estar en control de esa situación tan descabellada en la que se encontraban. ―Lo siento linda, pero no puedo permitir que me veas como a un enemigo cuando en realidad tú y yo estamos en el mismo bando ―El abogado se regodeaba en sus insidiosas intensión de preservar esa idea de ser él un salvador, cuando ella sabía de sobra que él

