Capítulo 1.2

2302 Words
David: Era genial, todos nos colocamos de acuerdo para salir el sábado al parque de diversiones. Me alegraba mucho el hecho de poder ir junto a mis amigos y en especial con Santiago, debo admitir que siempre que estoy junto a él o nos estrechamos la mano para despedirnos siento unas fuertes cosquillas en el estómago que no había sentido antes y por alguna extraña razón me trabo al hablar con él mientras me mira fijamente con aquellos ojos azules tan tranquilos y preciosos… En fin, dejé de nadar en el mar de mis pensamientos y seguí cuadrando la salida con mis amigos. Una vez terminamos, me levanté junto a Santiago y nos dirigimos a nuestra próxima clase. El día pasó bastante lento para mi gusto por lo que estuve aburrido la mayoría del tiempo en las distintas clases. Si no hubiera sido porque Santiago estaba junto a mí hablando de cualquier tema que se nos pasara por la mente, seguramente me habría dormido y ganado uno que otro regaño. Pasó el resto de la semana hasta que por fin llegó el sábado, estaba muy emocionado por la salida. Me terminé de bañar y me dirigí a mi cuarto para colocarme cambiarme, me coloqué un jean n***o, una camiseta vino tinto y una chaqueta verde oscuro. Me terminé de calzar mis convers y bajé al primer piso en donde se encontraban mis padres para comentarles que ya saldría con mis amigos - Escríbenos y no llegues tan tarde – comentó mi madre mientras yo salía por la puerta de la casa - Lo haré, los amo – grité desde donde me encontraba para cerrar y dirigirme a la casa de Santiago ya que le prometí que iríamos juntos porque él no conocía bien por dónde quedaba el parque Llegué hasta su bonita casa y timbré pero no abrió nadie, ni siquiera Max ladró por lo que supuse que nadie escuchó. Decidí golpear y luego de unos minutos un hombre muy alto y casi con el mismo rostro que Santiago pero algo mayor y sin los ojos azules me abrió la puerta mientras me dirigía una mirada muy seria - Bu… Buenas tardes, ¿Se encuentra Santiago? – pregunté con una tímida sonrisa - ¿Y tú quién eres? – Preguntó el señor mientras me veía de arriba abajo - Soy un amigo del colegio – respondí algo incómodo De pronto escuché cómo detrás de él, Santiago se acercaba y me dirigía una sonrisa - Papá, ya saldré. Dejé a Max en el patio así que no hay ningún problema El señor simplemente asintió con una mirada algo molesta a su hijo y desapareció por el interior de la casa, sin siquiera despedirse - Lo siento por la actitud de mi padre, él es algo… molesto – se disculpó Santiago mientras terminaba de cerrar la puerta. Llevaba puesto una linda chaqueta café con cuello de lana de oveja, unos pantalones azules y una camiseta gris. Estaba muy guapo, pensé para mí mismo mientras me sonrojaba - No… No pasa nada. Me alegra verte – dije con las mejillas muy coloradas. No sé por qué dije eso, lo pensé pero no quería decirlo, me daba mucha pena - A mí también me alegra verte, David – respondió Santiago mientras me veía con una tierna sonrisa y me despeinaba un poco a lo que yo me reí de aquel acto. Era realmente hermoso este chico – Bueno, entonces andando que ya casi es hora de encontrarnos – se rio un poco y comenzamos a caminar. Iba a ser una tarde asombrosa junto a él y mis amigos, estoy seguro de eso. Tomamos un autobús y nos dirigimos al parque de diversiones en donde ya se encontraban nuestros amigos que al vernos se acercaron con una sonrisa - ¡Por fin! – dijo animada Valentina – Pensé que no llegarían - Lo siento, no fue nuestra culpa. Había mucho tráfico - Sí, sí. Como digas. ¡Más bien vamos entrando que hay muchas atracciones a las que tenemos que ir! – terminó de decir Valentina mientras agarraba del brazo a Javier que tenía las boletas Una vez entramos al parque comenzamos a ver cuáles serían las primeras atracciones en las que nos montaríamos. Todos estaban muy emocionados pues no era común hacer un plan como estos y además, estábamos contentos de que una nueva persona se sumara a nuestro grupo de amigos. - ¡Vamos a esa! – dijo alegre Santiago mientras su cara se iluminaba al observar una enorme e intimidante montaña rusa. Todos comenzaron a asentir y nos dirigimos a la entra de aquella atracción. La verdad tenía mucho miedo y no quería montarme, temía que me desmayara como en esos videos en donde la gente monta atracciones extremas y terminan desmayándose por unos segundos - Em… vayan ustedes, yo les espero aquí mientras se montan a la monta rusa – dije con una tímida sonrisa - ¿Qué? ¿Por qué no quieres montarte?  - preguntó Santiago mientras me dirigía una extraña mirada - E… es que tengo algo de nauseas y no quiero vomitar al subirme – dije con una cara graciosa disimulando un poco mi nerviosismo. Santiago se acercó y me vio directamente a los ojos, como si estuviera tratando de leer mi mente - ¿Seguro que es por eso? – dijo colocando su mano en su barbilla – ¿O es que tienes miedo de montarte? – me dirigió una mirada divertida - ¿Qué? ¿De qué hablas? No seas tonto – contesté haciéndome el ofendido y me crucé de brazos - Vamos, yo te estaré a tu lado mientras estemos ahí – me extendió la mano con la sonrisa más hermosa que jamás haya visto. Me coloqué muy sonrojado y con una pequeña sonrisa y algo de pena, tomé su mano. Al sujetar su mano, miles de mariposas comenzaron a volar por mi estómago. Luego de sentir aquella hermosa sensación fuimos a sentarnos en los puestos mientras una chica abrochaba nuestros cinturones y se aseguraba de que todo el mundo estuviera bien situado para comenzar con la atracción. - Por favor todos sujetarse de la barra metálica que tienen al frente, cuiden sus objetos personales y las personas que tengan gafas por favor guardarlas ya que en el recorrido se darán muchas vueltas. Gracias – se escuchó una voz desde los parlantes que habían en aquella cabina de la atracción. Yo estaba muy nervioso y comencé a sudar, sentir este tipo de adrenalina definitivamente no era lo mío. Santiago que estaba al lado mío se percató de mi gran nerviosismo y colocó su mano sobre la mía que se encontraba sujetando fuertemente la barra metálica y me dijo un pequeño “calma, estoy contigo”. Luego de aquellas palabras pude por fin tranquilizarme y comenzó a avanzar, sentí como poco a poco la adrenalina iba subiendo por mi cuerpo hasta que llegamos a lo más alto de la montaña rusa - No… no puedo hacer esto. Bajenm… - no pude terminar de decir ya que el carrito comenzó a caer a gran velocidad haciendo que gritara a no poder más mientras Santiago se reía de ver mi reacción Fue completamente lo contrario a lo que había imaginado, a pesar de sentir esa adrenalina y miedo la pasé muy bien gritando junto a Santiago quien se reía cada vez que comenzábamos a caer en picada. La atracción terminó y me bajé de aquel carrito pero cuando coloqué un pie fuera de él sentí como mis piernas comenzaron a temblar - Eres un flojo, David. Ya estás temblando y apenas es la primera atracción fuerte a la que nos montamos – se rió Edwin mientras me daba una suave palmada en el hombro - Cá… Cállate. No es mi culpa que eso fuera tan rápido – le saqué la lengua y salí de aquella atracción por fin Luego de aquel momento de terror y diversión decidimos montarnos en la rueda de la fortuna y otras atracciones que habían en el parque hasta que llegó la hora de comer algo. Yo estaba muerto de hambre, tanta adrenalina y nerviosismo me había dejado agotado por lo que necesitaba comer. Fuimos a un puesto de hot dogs y decidimos comer allá. Luego de eso terminamos de ir a las atracciones que hacían falta hasta que llegamos a los juegos donde se podían ganar premios - ¿Qué les parece si vamos a ese? – preguntó Javier señalando el juego del martillo en el que había que golpear muy fuerte para subir la barrita de metal. - No, presiento que no voy a ganar nada ahí – dijo Valentina cruzándose de brazos - ¡Qué va! Vamos, le voy a demostrar a estos debiluchos cómo se hace – dijo Mariana quien fue la primera en participar - Vamos, vamos. Llega hasta el ring y podrás conseguir alguno de estos premios que ves aquí – dijo el hombre encargado del juego mientras señalaba distintos juguetes y ropa que habían como premios - A ver… -  Mariana se colocó en una posición firme y agarró con gran decisión aquel martillo – 1… 2… y… - “Ring, Ring” sonó aquel objeto de metal indicando que Mariana había alcanzado a golpear con bastante fuerza. Todos quedamos mudos ya que no pensábamos que Mariana siendo tan pequeña tendría semejante fuerza- ¡Sí! Quiero… Ese oso gigante de por ahí – dijo mientras señalaba uno de los peluches El señor incrédulo le dio aquel juguete y Mariana contenta lo recibió con un abrazo. Luego de aquella escena tan sorpresiva para todos, Edwin se colocó al frente e imitando las acciones de Mariana golpeó con todas sus fuerzas pero ni logró llegar a la mitad de la barra a la que todos nos reimos - Seguramente hiciste trampa… Este juego está arreglado – se alejó Edwin refunfuñando mientras lo veía gracioso - Bueno, es mi turno – dije colocándome frente al juego y tomando aquel martillo que sí pesaba lo suyo. Mariana debe tener mucha fuerza, no creo que esto sea tan fácil. Luego de sostener bien el martillo me abalancé y golpeé con gran fuerza pero me faltaron algunos centímetros para llegar al Ring por lo que hice pucheros y me retiré para que Santiago que estaba detrás de mí pudiera participar - No sé cómo le hiciste, Mariana. Esa cosa pesa mucho y ni logré golpear el Ring – le dije con una risita suave - Te enseñaré a golpear – dijo Mariana mientras me giñaba un ojo Luego de aquellas palabras escuché un “Ring” indicando que Santiago logró golpear con bastante fuerza ganándose así un premio - Bien chico… ¿Cuál vas a querer? – dijo el hombre mientras veía atentamente a Santiago - Quiero… Ese gorrito que está en la esquina – respondió Santiago que señalaba un bonito gorro de lana color vino tinto. - Ten, felicitaciones – el hombre le dio el gorrito y Santiago se dirigió feliz hacia nosotros Terminamos de jugar en algunas atracciones que nos faltaban y decidimos irnos a casa. Había sido genial pasar esta tarde/noche con mis amigos y sentí cómo Santiago se integraba mucho más al grupo y ya hablaba bien con todos nosotros, me alegraba que él estuviera con nosotros y así poder pasar más tiempo con él. Ya estábamos en el bus y hablábamos de lo gracioso que me veía yo gritando en las atracciones mientras yo intentaba hacerme el bravo ya que tenía mucha pena de que me viera en semejante situación. Llegamos a la parada y nos bajamos, él me acompañó hasta la puerta de mi casa y me miró fijamente - David, te quería dar las gracias por todo. Por ser tan amable conmigo y por invitarme a hacer parte de tu grupo, en serio la pasamos muy bien hoy y fue genial verte gritar hasta casi quedarte sin voz – sonrió con una expresión burlesca - Cállate, te dije que era porque hace mucho no había montado en algo así – Santiago me dirigió una mirada indicando de que no se creía para nada lo que había dicho – Con respecto a lo demás, me alegra mucho que estés con nosotros y disfrutes las salidas. Mis amigos pueden ser algo locos pero son divertidos una vez los conoces bien - Tienes razón – se rió y sacó del bolsillo de su chaqueta el gorrito que había ganado hoy en el juego del martillo – toma, te quería dar el gorrito en el parque pero por las carreras no te lo pude entregar - ¿Qué? No, no. Es tuyo, te lo ganaste – me sonrojé mucho - Te lo quería dar. Además… - dijo acercándose a mí, me miró a los ojos con una mirada muy tierna y me colocó aquel gorrito en la cabeza – siento que a ti te queda muchísimo mejor, así que recibe este regalo – terminó de acomodarlo y me dirigió una hermosa sonrisa - Gra… gracias, en serio. No tenías porqué – le agradecí con una evidente pena en mi rostro. Nos quedamos un buen rato mirándonos a los ojos, se sentía una gran tranquilidad el ver esos hermosos ojos azules - Bueno, espero pases una gran noche. Tengo que ir ya a mi casa o mi padre se molestará – se rio un poco y bajó a la acera para cruzar la calle – Nos vemos luego, David – terminó de decir mientras se despedía con la mano y me regalaba una última sonrisa Yo entré a mi casa con un notable sonrojo y sintiéndome extasiado por aquel acto tan tierno que había acabado de vivir. Había algo muy claro y que este día confirmé, mi gusto por Santiago era real.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD