Santiago: Había pasado poco más de un mes desde que fui a vivir con Ángel, era un gran señor y vivir junto a él era muy cómodo, él siempre tenía una sonrisa en el rostro y siempre que tenía algún problema él estaba ahí para ayudarme. Siempre, cuando teníamos tiempo y entre los fines de semana, dedicábamos algún par de horas para jugar juegos de mesa lo que me parecía encantador. Por otra parte, el señor Ángel le pareció que no debía desgastarme tanto trabajando por lo que hizo que comenzara a trabajar 3 días entre semana en vez de los 5 días que estaba trabajando. Me quedaba mucho más tiempo y podía estar un poco más tranquilo. No volví a saber nada de mi padre durante todo ese tiempo, siempre que iba a visitar a David a su casa, pasaba por donde antes vivía y afortunadamente nunca me enc

