Era una fría mañana en la ciudad de Bogotá, estaba corriendo por las calles del centro de la ciudad ya que iba demasiado tarde para el colegio. De pronto, sin esperármelo, choqué estrepitosamente con una persona que no vi por el camino y caí golpeándome fuertemente el trasero
- Mierda, tenía que pasarme esto justo hoy – Gruñí al sentir el dolor
- Ven, te ayudo – Dijo el chico con el que había chocado mientras me extendía la mano. Tenía el cabello de color n***o, piel clara, ojos azules y era realmente alto – Lo siento, no vi por dónde iba y sin querer choqué contigo
- N… No te preocupes, fue culpa mía ya que voy con mucho afán – Solté su mano y me alejé poco a poco – Disculpa, pero tengo que salir corriendo o llegaré tarde, nuevamente lo siento. ¡Adiós!
Seguí mi trayecto camino al colegio y cuando creí que no alcanzaría y que las puertas ya estaban cerradas, el portero me dejó ingresar no sin antes echarme un pequeño sermón a lo que asentí de forma desinteresada. Caminaba de forma acelerada entre los pasillos tratando de encontrar el salón en el que tenía clase ese día hasta que por fin lo encontré.
- Diablos, otra vez tarde – Dije para mí mismo en voz baja. Suspiré hondo antes de entrar por la puerta del salón e ingresé
- Bonitas horas de llegar, Ramírez. Es la tercera vez esta semana y es miércoles – Dijo el profesor cruzándose de brazos
- Lo siento profesor, hubo un accidente y el bus en el que iba tuvo que parar en medio de la calle
- Sí, sí. Como digas. No más excusas, a la próxima vas directamente a dirección. Anda, pasa y siéntate que estaba explicando lo que haríamos hoy
Me senté bajo la fija mirada de todos, unos se reían, otros estaban sorprendidos y los demás prácticamente pasaron de largo el que haya interrumpido la clase. El profesor continuó hablando y yo sentía que me dormía, con este frío daban unas inmensas ganas de estar arropado en mi cama, pensé riéndome por lo bajo
Cuando el profesor comenzó a escribir en el pizarrón golpearon a la puerta
- ¿Otra vez? ¿Qué les pasa a todos hoy que llegan tarde? – Dijo gruñendo el profesor
- Buenos días a todos y todas. Perdón la interrupción pero vengo a presentarles a su nuevo compañero de clases. Preséntate – Dijo el profesor
No lo podía creer, era el chico con el que choqué fuertemente esta mañana. De verdad que pienso a veces que el mundo es un pañuelo
- Buenos días, mi nombre es Santiago, llegué hace poco de la ciudad y espero llevarme bien con la mayoría – Dijo el chico mostrando una bonita sonrisa blanquecina
- Bien, un gusto, Santiago. Si gustas puedes sentarte ahí, al lado de David – Comentó el profesor señalando al puesto vacío que se encontraba al lado mío
El chico me vio y al igual que yo, hizo una cara de sorpresa. Me sonrió y se dirigió hacia mí
- Hola, cómo estás chico de esta mañana – me dijo en voz baja y se rio
- Bien. Siento lo de esta mañana, pensaba que no me dejarían ingresar al colegio
- Tienes razón. A mí no me iban a dejar entrar hasta que mencioné que era nuevo. Creo que son algo estrictos con el tiempo, ¿no? – Me preguntó de forma burlona
- Ni que lo digas – Me reí también – Ah, sí. Mi nombre es David, un gusto – Dije extendiendo mi mano hacía él
- Un gusto, David. Como ya escuchaste, mi nombre es Santiago – Me sonrió y me dio la mano por segunda vez en este día pero esta vez era distinto, ya que no estaba con la adrenalina al mil y corriendo para llegar al colegio, me di cuenta de lo suave y bonitas que eran sus manos. Bueno, en general es muy guapo. Tiene unas facciones perfiladas, pero a la vez firmes y varoniles
- Oigan! Ustedes dos, hagan silencio y pongan atención a la clase. Tras de que llegaron tarde, se colocan a hablar – Nos regañó el profesor e inmediatamente ambos miramos al frente fingiendo estar prestando atención, pero riéndonos cuando el profesor dio la espalda para seguir escribiendo en el pizarrón.
Por fin terminó esta aburrida clase, siento que en un punto me quedé dormido con los ojos abiertos pero Santiago me arrojó una bolita de papel para despertarme, acto que agradecía pues me evitó un regaño por parte del profesor. Luego, salimos del salón para ir a la siguiente clase, al parecer teníamos el mismo horario por lo que le ayudé a guiarse un poco. Continuaron de forma aburrida y lenta las clases hasta que por fin llegamos a la hora del almuerzo y descanso.
Estaba recogiendo mi mochila junto con mis libros mientras de reojo veía a Santiago empacar también sus cosas. Me preguntaba si tenía a alguien con quien ir a almorzar y como si estuviéramos pensando lo mismo, oí su voz mientras se acercaba a mi
- Oye, ¿e irás con alguien a almorzar? – Se rascó la cabeza y me vio de forma apenada – La verdad no conozco a nadie aún aquí y no sé si me toque almorzar solo
- Claro que no, ven a almorzar conmigo. De paso, te presento a mis amigos, ellos están en los otros cursos pero son geniales, espero te agraden – Le sonreí mientras lo veía a los ojos. Eran hermosos y me apenaba un poco pues se me quedó viendo – ¿Pa… Pasa algo?
- Em, no – Dijo algo colorado – Me encantaría ir contigo y conocer un poco más el colegio y a tus amigos
Y así, comenzamos a caminar por los pasillos mientras le enseñaba dónde quedaba cada cosa. El colegio era algo grande por lo que espero tuviera buena memoria o se perdería la primera semana
- Y… No eres de Bogotá, ¿verdad? – Dije tratando de sacar algún tema pues caminábamos en silencio por el pasillo
- Así es, vengo de un pueblo pequeño que queda al norte del país. Llegué hace unos días apenas pero creo que no podré acostumbrarme al frío de esta ciudad – Se rio un poco
- Tal vez – me reí – Casi siempre hace frío, así que acostúmbrate a llevar alguna chaqueta o buzo – Le aconsejé mientras ingresábamos al comedor
Nos dirigimos a comprar el almuerzo y comenzamos a caminar en dirección a la mesa donde se encontraban ya mis amigos
- Hola chicos! – Dije alegremente mientras me sentaba – Él es Santiago, un alumno nuevo que llegó hace poco a la ciudad así que sean amables – Les dirigí una mirada algo intimidante ya que mis amigos a veces podían pasarse con las bromas – Santiago, ellos son mis amigos, Edwin, Javier, Mariana y Valentina – Dije señalando a cada uno
- Hola, Santi – Dijo Valentina que, por lo visto, ya le había echado el ojo. Es demasiado coqueta y sé que querrá acercarse de más a Santiago
- Hola, ¿qué más? – Saludaron Edwin y Javier despreocupados. Ellos dos eran gemelos y los conocía desde pequeño ya que nuestros padres eran grandes amigos de los suyos
- Hola – Saludó con algo de pena Santiago mientras se sentaba al lado mío
Comenzamos a almorzar mientras hablábamos entretenidamente. Creo que Santiago se estaba integrando bien en el grupo ya que parecía contento. De pronto, este se me acerca al oído y me dice en tono bajito
- Oye, será que podrías enseñarme un poco más el colegio. Siento que me perdería en medio de todos esos pasillos
- Claro que sí, vamos y te muestro un poco – Dije viéndolo a los ojos – Bueno chicos, nosotros nos despedimos por hoy
- Pero si aún no termina el descanso – Respondió Valentina quien no dejaba de ver a Santiago
- Em sí… Pero iré a mostrarle el colegio a Santiago – Dije jugando con mis dedos, no sé por qué me sentía apenado
- ish, está bien – Valentina volteo los ojos probablemente porque me iría con Santiago – Nos vemos luego Santi
- A… Adiós – Dijo este despidiéndose de todos y así, salimos del comedor
Comenzamos viendo algunos salones y laboratorios, luego le mostré el auditorio que había en el colegio, pasamos por el coliseo donde hacíamos las prácticas deportivas, las canchas y por último fuimos a la parte trasera del colegio en el que había una hermosa zona verde y que le llamábamos “paraíso” por lo tranquilo y bonito que era
- Y bueno, este es el “paraíso” – Dije mientras llegábamos a aquel lugar a lo que Santiago volteó a verme como no entendiendo – Le llamamos así por lo tranquilo y poco frecuente que es – Me reí al ver su cara de duda
- Entiendo, entiendo. Es un lugar realmente hermoso – Respondió Santiago y luego botó su maleta debajo de un árbol que estaba cerca a nosotros para luego acostarse en el pasto y cerrar los ojos
Era realmente guapo, no acostumbraba a detallar el físico de las personas pero este chico tenía unas facciones muy atractivas que al estar relajado y con los ojos cerrados resaltaban mucho más. Me quedé como bobo viéndolo un buen rato mientras que descansaba ahí bajo el árbol hasta que sin abrir los ojos, abrió su boca para hablarme
- Ahora entiendo perfectamente por qué le llaman paraíso, es tan… Tranquilo, se siente paz aquí. Bien, creo que ya tengo un lugar favorito en el colegio – Terminó de decir aún con los ojos cerrados a lo que yo me reí – Ven, acuéstate un rato, no creo que termine aún el descanso
Y así fue, arrojé mi maleta utilizándola de almohada y me recosté en el pasto junto a él. Hacía mucho no descansaba en este lugar, siempre estaba con mis amigos jugando en las canchas o en la biblioteca, olvidaba lo bien que se siente esta tranquilidad. Poco a poco y sin darme cuenta, me fui quedando dormido. De pronto, sentí que alguien me sacudía un poco el hombro
- Oye, David, despierta – Escuchaba los llamados de la bonita y algo gruesa voz de Santiago
- Mmm déjame dormir 5 minutos más – Dije girándome medio dormido. Escuché cómo Santiago se reía
- ¿Qué? ¿5 minutos más? Pero si nos quedamos dormidos un buen rato, creo que no alcanzamos a ir a la siguiente clase
-¡¿Qué?! – me desperté al instante al escuchar dichas palabras – Mierda, hoy había quiz en mate
- Ya nos inventaremos una excusa – me vio Santiago con una mirada cómplice y me extendió la mano para levantarme lo que lo me sonrojé y lo sentí como un deja vu
- Bien, dado que era la última clase… ¿Qué quieres hacer?
- No lo sé… No conozco muy bien la ciudad, así que no sé adónde podríamos ir – Respondió Santiago levantando los hombros
- Eso es! Vamos a recorrer un poco el centro de la ciudad así vas conociendo más la ciudad
- Me parece una muy buena idea
Nos dirigimos a la salida del y comenzamos a recorrer esa parte de la ciudad, fuimos a comer helado y me contó varias cosas de su vida, me comentó que tenía 17 años, vivía con su padre y su perrito, Max. También me comentó que vino a vivir a esta ciudad gracias a que su padre consiguió un puesto importante en una de las empresas más grandes del país y no podían desperdiciar esa oportunidad, así que en un gran esfuerzo y sin mucho querer tuvieron que mudarse todos y la ciudad en la que antes vivían. Yo le comenté también un poco sobre mí, le dije que a diferencia de él yo nunca me había mudado de ciudad y siempre había vivido aquí, en Bogotá junto con mis padres. Fue una tarde bastante entretenida, me agradó demasiado hablar con él, era una persona bastante animada y amable
- Bueno, es algo tarde y ya mi padre debe estar preguntándose en dónde estoy – Dijo algo triste Santiago mientras caminábamos a la parada de buses. Fui con él ya que yo también debía ir a cosa
Nos quedamos hablando mientras esperábamos el bus hasta que vi cómo se acercaba mi bus pero fue Santiago quien extendió la mano
- Espera, ¿tú también tomas este bus? – Dije sorprendido
- Así es, vivo a unos 30 minutos de aquí – me dijo con sorpresa en su rostro también
Nos subimos y nos dimos cuenta que vivíamos solo a un par de casas. No sé qué pasaba hoy con las coincidencias que tenía con Santiago pero me agrada vivir cerca de él. Nos bajamos y caminamos unas cuadras hasta llegar a nuestros hogares. Él vivía en una linda casa color beige con un bonito jardín delantero, la casa era de tres pisos y se podía ver desde afuera que ya había personas en la casa
- Bueno, tengo que entrar ya. Fue un gusto conocerte, David y en serio gracias por los recorridos que me hiciste. Sin ti me hubiera perdido el primer día – Dijo Santiago con una enorme sonrisa y extendiéndome la mano para despedirse
- El gusto fue mío, Santiago. Cuídate mucho, nos vemos mañana en el colegio – Le sonreí también apretando su mano, pero esta vez fue distinto. Sentí un leve recorrido desde la mano hasta mi estómago, se sintió raro, era como un tipo calor y nervios al mismo tiempo. Nos quedamos viendo unos pequeños segundos a los ojos hasta que por pena, solté su mano y bajé al pavimento para pasar la calle – Adiós- le sonreí tímidamente y me dirigí a mi hogar que quedaba diagonal a su casa
Vi de reojo cómo Santiago se quedaba viéndome frente a su puerta como para ver por dónde vivía yo. Cuando se percató de que había llegado a casa, se despidió con su mano e ingresó a la suya.
Cuando entré, vi cómo mis padres estaban ya en casa viendo algo en la tele de la sala
- Hola hijo. ¿Cómo te fue en el colegio hoy? Regresaste algo tarde – Dijo mi madre levantándose y dándome un beso en la mejilla
- Bien, mamá. Hoy fue un día tranquilo y regresé tarde ya que hice un nuevo amigo que viene de otra ciudad y decidí enseñarle un poco la ciudad
Mi madre asintió y comenzó a servir la cena para posteriormente ir a dormir. A pesar de divertirme mucho con Santiago estaba realmente cansado por caminar tanto así que los brazos de Morfeo me acogieron apenas mi cabeza tocó la almohada.
Santiago:
Fue un muy buen día el que viví el día de hoy. La verdad esperaba ser el típico chico asocial que se sentaba en la parte de atrás por ser nuevo, pero no fue así afortunadamente. Además, admito que, en la mañana al chocar de manera estrepitosa con un chico, pensé que era un presagio para lo que vendría durante el día, pero no fue así o no como creía. Me sorprendió mucho que ese mismo chico con el que choqué también tuviera clase conmigo y además de eso, terminara siendo una gran persona con la que me llevaría tan bien y me enseñara la ciudad. David es realmente guapo, tiene el cabello castaño claro, una piel algo pálida, ojos cafés y una hermosa sonrisa. Sé que me prometí no colocar más atención a los chicos luego de mi anterior relación desastrosa pero no pude evitar fijarme en lo apuesto y genial persona que es. Lastimosamente, tuve que regresar a casa en donde mi papá ya se encontraba. Mi relación con él no era muy buena desde que mi mamá falleció cuando apenas tenía 5 años. Luego de ese momento, mi papá no volvió a ser el mismo. Cuando entré, un gran perro corrió hacia mí y comenzó a saltarme para que lo saludara
- Hola Max! Te extrañé amigo – Dije sobándole su pancita
- ¿Eres tú, Santiago? Te dije que dejaras en el patio a ese pulgoso perro. No sé por qué dejé que lo trajeras a Bogotá, debió quedarse allá
- Ho… Hola padre – Dije levantándome y dejando a Max a un lado – Lo sé, pero no puedo dejar a Max todo el día en el patio. No está acostumbrado aún
- Haz lo que te digo o sacas de una vez a ese perro de la casa – Dijo con una mirada fría y yéndose hacia la sala para hacer quien sabe qué
Le dirigí una mirada de molestia y sin decir nada más, subí hasta mi cuarto acompañado por Max
- No creerás lo que me pasó hoy, amigo. Conocí a alguien genial y lo mejor es que vive solo a algunas casas de aquí, espero lo conozcas algún día – Dije con una sonrisa de tonto en el rostro y mirando a mi perro quien giró su cabeza como no entendiendo lo que le decía
Luego de ello, alisté mis cosas para mañana el colegio y fui a dormir junto a Max que se quedó junto a mí.
Desperté con algo de pereza y me percaté de que Max no estaba en su cama por lo que lo llamé pero no contestaba. Busqué por toda la casa alarmado y no lograba encontrarlo entonces decidí ir donde mi padre, algo me decía que esto tenía que ver con él
- Papá, ¿has visto a Max? No está en su cama y…
- Saqué ese mugroso perro de aquí. Se hizo en la sala y no iba a tolerar una más por parte de ese perro
- Pero apenas se está acostumbrando a la casa! ¡No tenías porqué sacarlo! – Levanté la voz exasperado
- Cuantas veces te he dicho que a mi no me levantas la voz, imbécil – Sentí cómo golpeó fuertemente la mejilla a lo que yo quedé en schock y posteriormente sobándome esta – Lárgate de una buena vez al colegio
No dije nada. Quería llorar, pero no iba a demostrarle mi debilidad y tristeza. Me coloqué unos zapatos y me limpié las lágrimas que se asomaban por mis ojos para así ir a buscar a Max que quién sabe desde qué hora este señor lo sacado de la casa. Vi por todas partes, pero las calles estaban solitarias hasta que de pronto, escuché un ladrido. En ese momento mi alma volvió al cuerpo, ¡Max estaba junto a David en el jardín de su casa!