No se atrevió a mirar a nadie, pero estaba seguro de que si lo hubiera hecho, habría visto caras de estupefacción por doquier y ojos horrorizados que lo apuntaban y se clavaban en él como cuchillos de hielo. Los notaba, se hundían en su pecho en una lenta agonía. Las lágrimas habían comenzado a escocer en los ojos y no podía sino recordar una y otra vez en qué momento decidió que seducir a Rebecca era una buena idea. ¿Porque la amaba? ¿Y todo ese amor compensaba el sufrimiento que le había tocado padecer? En estos momentos ni siquiera era capaz de pensar. ¿Ruttland y Rebecca hermanos? Parecía imposible, se le antojaba irreal. Debía estar en una de sus pesadillas, la peor de todas, sin duda. Necesitaba despertar, abrir los ojos cuanto antes y encontrarse en Norwich de nuevo junto a su mara

