lo que lo cambia todo

1429 Words
Katherina no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. ‹¡¡¡ESTÁ PASANDO!!!› Era lo que gritaba en su cabeza mientras Damian sostiene la sortija frente a ella aguardando por una respuesta que simplemente no salia de su boca; no porque no quisiera aceptar la propuesta, sino porque habia estado esperado tanto por este momento que ahora que estaba sucediendo se sentía demasiado irreal. —Katherina... Preciosa... — susurró Damián con voz nerviosa. Sin embargo, Katherina seguía enmudecida y con sus ojos clavados en el precioso anillo. —Hermosa, en serio... —sonrie timido— necesito una respuesta —rasca su nuca con notable incomodidad y desviando su mirada a un lado— Sabes muy bien que el suspenso no es lo mío... A este paso se me va a entumecer la rodilla... Y la mano... Damian, traicionado por los nervios, comenzó a divagar, es entonces cuando Katherina cae en cuenta de que a tardado mucho en darle su respuesta a su amado parlanchín, se abalanzó contra él en un fuerte e inesperado abrazo que casi los hace caer a los dos al suelo, pero Damian logró mantener el equilibrio antes de poder rodear con sus brazos la pequeña cintura de Katherina para poder estrecharla con la misma intensidad. —¿Si?... ¿Aceptas? —preguntó Damián mientras hundía su cara en el hombro de su amada. — Si. Por supuesto que acepto... Acaso no sabes desde cuándo estoy esperando por este día, tonto —bromeo antes de separarse de él para ponerse de pie. —interesante... *También se pone de pie* —¿Qué cosa? —Que no tenía ni idea de que llevabas mucho tiempo esperando por mi. —¡No te hagas! —¡En serio! —Entonces era obvio para todo mundo menos para ti. —Ya sabes lo despistado que puedo llegar a ser —se encoge de hombros. —Ajá —¿Y eso que fue? —Tú eres despistado solo cuando así lo quieres y lo necesitas. —Sabes que eso no es cierto. —Ajá... —se cruza de brazos y le da la espalda. —Pero, ya en serio. ¿Desde cuándo tuviste ese deseo de casarte conmigo? —indaga Damián con genuina curiosidad mientras la gira con cuidado agarrándola por las caderas. Katherina finge enojo y Damián besa su frente con ternura. —¿No me vas a decir? —Noooo... *Risitas* —Ya sé. —¿En verdad? —¡Pues claro!... Solo fingir no saberlo. —Entonces dime, según tú, ¿desde cuándo me quiero casar contigo? —Facil... Desde que me conociste. *Katherina rie a carcajadas* —Amor, te conocí a los seis años. A esa edad estaba enamorada de mis galletas con chocolate. *Ambos rien* —Te creo. Recuerdo que te endemoniabas si te robaba una des esas galletas del tarro. — Si —se queda pensativa— amaba las galletas de mi mamá. —Lo sé. —La extraño... —Tambien lo sé —desliza su mano por su mejilla en una fina caricia que le roba una sonrisa triste a su novia. —Ahora, cambiando de tema —dice Katherina antes de palmear sus mejillas como quien intenta espabilarse— ¿Cómo se lo vamos a decir a mi papá... Y a los tuyos? —¿Qué cosa? —Nuestros planes... —levanta su brazo mostrando el dorso de su mano con sus dedos bien pegados. —¿Preciosa, no crees que falta algo en esa mano? —¿Mmmm?... — se mira la mano y no puede evitar cuajarse de la risa cuando cae en cuenta de que aun no tiene el anillo de compromiso en su dedo anular. —Debemos hacerlo oficial... ¿No lo crees? —suelta feliz antes de sacar el anillo del interior de la pequeña caja aterciopelada. Una vez el anillo está en su lugar, Katherina extiende su mano hacia adelante y llevándola hacia el cielo. La sortija estaba hecha en oro rosado y su diseño trenzado Lucia increíble a la vista. Aún asi, lo que más le gustaba a Katherina era el diamante cortado en forma de corazón que estaba en el centro flanqueado por seis pequeñas piedras ovaladas de Zafiro. —¿Te gusta? —No —lo mira seria— ¡ME ENCANTA! —exclama dando pequeños saltitos. —Yo lo diseñe y lo hice —expresa lleno de orgullo. *Katherina lo mira sorprendida* —¿De verdad? —Si. Fui a un taller de alianzas. —¿No se supone que se va en pareja? —Si, Pero yo quería darte un anillo de compromiso con significado. katherina lo mira confundida por lo que Damián le agarra la mano donde tiene el anillo. —Mira, este diamante en forma de corazón lo escogí en representación de mi amor eterno, los zafiros que lo rodean simbolizan mi promesa de fidelidad y lealtad y el aro esta trenzado porque así están nuestros destinos desde el día en que nos volvimos a ver. —Wow... No conocía este lado romántico tuyo. —Ves, aún te puedo sorprender —sonrie con suficiencia. Katherina no dice nada más, solo se aferra a él en un abrazo. —No es un sueño y tampoco tengo intención de escapar, preciosa —dijo adivinado los pensamientos de Katherina. —No dije nada. —No es necesario que lo digas. Sé que me abrazas así solo cuando tienes miedo de lo que vendrá después— la separa de él con suavidad y lo suficiente para verla a los ojos— Te amo y no voy a permitir que nada, ni nadie te aleje de mi. —¿Qué vamos hacer con mi papá? —vuelve a esconder su rostro en el pecho de Damián. —Le diremos la verdad, que no tienes intenciones de casarte con Stuart Lamber y que ya te has comprometido conmigo. —Temo a la reacción que tendrá. —No tienes nada que temer, mi amor. Pediremos su apoyo y bendición, pero si se niega, simplemente nos casamos sin su aprobación. Después de todo, ambos somos legalmente adultos con carnet de identificación en mano que lo demuestra —pellicas sus mejillas— Te aseguro que no hay nada que tu papá pueda hacer para evitar que tú y yo nos casemos. *Katherina suspira* —Eso espero. —Ya verás que tengo la razón. Ahora, ¿podemos ir a cenar? —¿Cenar? Pero si no son ni las siete de la noche. —Lo sé, pero estaba tan nervioso con eso de la propuesta que olvide almorzar y ahora que estoy más tranquilo mi estómago reclama comida con urgencia. *Katherina niega divertida* — Muy bien. Vamos —se toman de las manos e inician su caminata— ¿al lugar de siempre? —No, hoy es un día especial y es por eso que prepare algo más... —¿Algo más? —Si... Tú solo sígueme. —Esta bien... —dijo feliz antes de darse cuenta de que iban en dirección a dónde Damián tenía el auto estacionado. —Señora Jones —dice abriendo la puerta de copiloto. —Aun no soy la señora Jones. —No en papel, pero estamos de acuerdo en que desde hace ocho años no aceptaste ser solo mi novia. —¿No? —No señora Jones. Usted acepto convertirse en mi mujer, mi señora y todos los mi de los que te quieras adueñar. Eres la unica dueña de mi corazón y no me va alcanzar la vida para demostrarte cuánto te amo. —¿Dónde está mi novio? *Damian rie* —Siempre he sido así de lindo. —Si, claro. Katherina se mete al auto y se acomoda en el asiento del copiloto. Damian cierra la puerta por ella, rodea el auto para abrir la puerta del piloto y se acomoda bien antes de encender el motor del vehículo. —El que te escuche creerá que soy un mal novio. —No diría mal novio, pero entre tu y yo, pues yo siempre he sido más demostrativa. —Bueno, digamos que estoy tomando tu ejemplo. La conversación sigue muy animada entre ambos mientras Damián intenta no apartar sus ojos de la vía. —Di: Quesito... —suelta Katherina con voz infantil. Damian, totalmente despreocupado, voltea sonriente a ver a su amada justo en el momento en el que ella dispara el flash de la cámara de su teléfono y la lucesita logra encandilarlo por unos segundos. Unos segundos que van a cambiar los destinos de los dos.
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