Miro a través de la ventana del salón de clases y suelto un suspiro cansado. Hace un día soleado y fresco. De esos que te incitan a sentarte sobre el pasto de alguna plaza o parque y quedarte ahí, mirando el cielo o durmiendo hasta que anochezca. Faltan sólo dos horas para el término de las clases y no hallo el minuto para recoger mis cosas he irme de aquí. Últimamente así han sido mis días; una eternidad cansada, desanimada, rutinaria y aburrida. Por mucho que tengo a mis amigos de vuelta, como lo son Dalia y Derek, no me he animado a aceptar sus propuestas a salir después de clases. Por mucho que soy consciente de que lo hacen para sacarme de la burbuja que he construido a mí alrededor al paso de estas tediosas semanas, desde lo ocurrido con el innombrable, no tengo el ánimo ni m

