El casino del Hotel President Wilson desbordaba opulencia. El sonido de las fichas de cristal, el tintineo de las copas y los murmullos en francés e inglés llenaban el aire. Pero todo pareció detenerse cuando las puertas principales se abrieron para dar paso a la pareja de la noche. Elena iba despampanante. Llevaba un vestido n***o de espalda descubierta que se ceñía a sus curvas como una segunda piel, con una abertura de infarto en la pierna que dejaba ver sus tacones altos. Killian, a su lado, vestía un esmoquin hecho a la medida que resaltaba su espalda ancha y sus hombros imponentes. Aunque iba elegante, su mandíbula tensa y su mirada depredadora dejaban claro que no estaba ahí para jugar. Para que Killian pudiera escabullirse hacia los ascensores privados del ático sin levantar so

