La Gala de la Ópera era el evento del año. Bajo los candelabros de cristal y el mármol reluciente, se paseaba la élite que controlaba el dinero y la sangre de la ciudad. Killian lucía imponente en un esmoquin n***o a medida, pero todas las miradas estaban puestas en la mujer que colgaba de su brazo. Elena llevaba un vestido de seda color esmeralda profunda, con la espalda descubierta y una abertura en la pierna que revelaba, para quien supiera mirar, una pequeña funda de cuero con la daga que Killian le había regalado. El collar de esmeraldas de la madre de Killian brillaba en su cuello como una marca de propiedad y poder. —Mantén la cabeza en alto, pajarito —le susurró Killian al oído mientras subían las escaleras—. Todos en esta sala están tratando de decidir si eres una reina o una

