26 Su teléfono no tardó en sonar. La primera llamada era inevitable: Kim. Sin duda molesta por haber sido despertada a una hora tan infame, fue incapaz de ocultar su frustración tras su mensaje de preocupación. Le pedía que la llamara y si el correo de voz no se hubiera cortado, Slim sospechó que podía haberlo seguido una amenaza de dimisión. Las siguientes tres llamadas eran todas del mismo número. Las dos primeras colgaron enseguida, pero la tercera dejó un mensaje de voz. Esperando hasta el final, Slim escuchó alarmado la voz de un agente de policía pidiendo que contestara. Les preocupaba su seguridad. Pero Slim sabía de qué se trataba. Querían detenerlo. Parecía que irse de un hotel en medio de la noche era ahora un problema para la policía. A Slim le hubiera gustado que la direcció

