Cuando terminan de ducharse se dirigen hasta la habitación, William se encarga de vestir a Sam como si este fuera un pequeño niño, ordenándole que se acueste en la cama. Velozmente el pelinegro busca como un loco alguna pastilla, para que Sam pueda descansar sin dolor, finalmente encuentra una caja de ibuprofeno que estaba en su botiquín de primeros auxilios (que prácticamente nunca usaba, por eso no sabía dónde estaba) Sam la ingiere con un vaso de jugo y se acuesta, no sin antes curarle su labio herido. El escritor lo acompaña, hasta que el chico logra conciliar el sueño. William amaba tanto ver a Sam dormir... es por eso que minutos después que el castaño ya estaba rendido, se levanta de la cama no sin antes darle un beso en la boca, y disponerse a salir del cuarto, cerrando la puerta s

