GRACE Las manos me temblaban, sabiendo que un loco podría estar en cualquier sitio y atacarnos. Vivir con alguien como Leonardo tiene tantos beneficios como riesgos, y ese era uno de ellos. Algo que he aprendido es que en esta vida nada es fácil y que todo tiene su precio. Al parecer, el precio de mi felicidad con él era pagarlo con el miedo a sus enemigos. —Tranquila, mi amor, ya te dije que nada te va a pasar —llegamos a un almacén grande. Había muchos hombres vestidos de n***o con varias armas—. De hecho, te tengo una sorpresa —fruncí el ceño. Salimos del coche tomados de la mano. Todos nos miraban. Leonardo no perdió el tiempo y me dio un beso en la mejilla. Me dio un poco de pena. —Ahí vienen los tortolitos —escuché la voz de Mia. ¿Qué rayos está haciendo acá? —¿Mia? —me sorprendí

