El ataque a la mafia

1091 Words
LEO Entonces, cuando salí de la habitación, mi madre apareció con el celular en la mano y estaba muy alterada. —¿Ahora qué pasa, mamá? —Thomas parece que está en el hospital porque lo han atacado. —¿Qué? —dice mi hermana. Es su esposo, claro que tiene que preocuparse. La mafia estaba en el ojo del huracán ahora. Si atacaron a Thomas significa que los enemigos están cerca y muy pronto vendrán por acá. Tengo que proteger a los míos. —Tengo que ir con mi esposo de inmediato —dice Gala, desesperada—. No sé con quién dejar a Marisa —habla de mi sobrina. —Yo la cuido —le dice Grace, sorprendiéndome—. Ve tranquila. —Muchas gracias, Grace, eres un ángel. Vamos, mamá, tengo que llegar con mi marido. —Claro, vamos. Ambas mujeres salieron rápidamente de la casa. —Sabía que esto pasaría en cualquier momento —murmura mi padre—. Ya sabes lo que tienes que hacer con Grace, Leonardo. No me decepciones, por favor. —Papá también se fue. Grace y Marisa estaban en la sala, ella estaba jugando con la niña, al parecer tenía un don con los niños. Por alguna extraña razón, me las quedé viendo. Sentía que Grace no era igual que su hermana, al menos eso quería creer. Llamé a Franco a mi despacho porque necesitaba despejar algunas dudas. —Dígame, señor. —Quiero que investigues a Grace, desde el día de su nacimiento hasta el día de hoy. Lo quiero saber todo, y cuando me refiero a todo, es todo. —Claro, señor. Con permiso. —Franco salió. Empecé a recordar cosas de la noche anterior, recordé que tuve una pelea con un hombre porque empezó a molestar a Grace. Salí del despacho, Grace ya no estaba en la sala. Avancé hacia la cocina y la miré allí con Lucrecia ayudándola a preparar el desayuno. Le he dicho miles de veces que no tiene por qué hacer eso, pero Grace es demasiado terca. Mi sobrina estaba sentada en su silla de bebé con un plato de fruta frente a ella. Se había encargado muy bien de cuidar de ella. Me acerqué a Marisa y ayudé a darle de comer. —Su desayuno está listo, señor Paterson —me dice Lucrecia. Pensé en lo que dijo mi padre, sobre disculparme por cómo me porté con Grace hace un momento. Quizás fui demasiado duro. No sé cómo hacerlo, nunca hago esas cosas. Soy demasiado orgulloso. Pero ver a Grace muy seria, sin dirigirme la mirada y sirviéndose su propio desayuno, me dio algo en el pecho que no me gustó. Aprovechando que Lucrecia había salido de la cocina, me acerqué a ella. Grace reaccionó rápido y se apartó de mí. —Déjame, Leonardo. —Solo quería... —empecé a decir, era muy difícil todo esto. La vi con miedo, como si temiera que yo le fuera a pegar. —... Disculparme por cómo me porté hace rato. Fui un idiota. —Qué bueno que lo reconoces —me dice, demandante. Grace nunca daba su brazo a torcer tampoco. —Casi no recuerdo nada de lo que pasó anoche... yo... —Quédate tranquilo, Paterson, tú y yo no tuvimos, ni tendremos jamás, nada que ver en el aspecto s****l. Sentí rabia cuando dijo eso. ¿Por qué no? Era mi esposa. La tomé del brazo pero luego reaccioné. —Lo siento. —Voy a desayunar, con permiso —me dijo, pasándome de lado. Se sentó junto a Marisa y le empezó a decir cosas extrañas que no pude entender. Me senté a unas sillas lejos de ellas a desayunar. Tenía demasiada hambre y demasiada sed. Me preocupaba lo que pasó con Thomas, no quería que nada le pasara a mi familia. Mi deber es protegerla. Cuando terminé de desayunar, me dirigí a toda la gente de seguridad y les expliqué la situación. Tripliqué la seguridad, puse gente en todas partes. Incluso dentro de la casa y en los pasillos. No estaba enterado de lo que había pasado con Thomas y del porqué de su ataque, pero entre mafiosos siempre hay conflictos. Cuando cayó la noche, recibí la llamada de mi madre: —¿Qué ha pasado? —Están en todas partes, Thomas estará bien, pero necesitamos estar unidos para poder protegernos. Separados no nos sirve de nada. —Vengan para la casa. Acá estaremos seguros. Dile a papá y mi hermana que sus habitaciones estarán listas por la mañana. Necesitamos protegernos. —Gracias, hijo, sabía que podíamos contar contigo. Suspiré. Ahora tendría que decirle a Grace que dormiríamos juntos porque mi familia se quedará con nosotros. Salí del despacho y me dirigí a su habitación. —Grace —saltó del susto. Estaba cerca de la ventana, la niña estaba dormida en su cama. —¿Qué pasa? —Es que creí ver a alguien rondando en el jardín. —Quizás solo fue una persona de seguridad. —No, estaba segura de que no era de seguridad. Se veía extraño y misterioso. Se escondió rápidamente. Tengo miedo. ¿Qué está pasando? Tomé el celular y llamé a Franco. —¿Sí? —Revisen el jardín y todo su alrededor. Grace creyó ver a alguien rondando por ahí. Muévete. —Claro, señor. Corté el celular y saqué mi arma. —No salgas de la habitación para nada. Quédate con Marisa, habrán personas vigilando la puerta. —Leo, ¿qué está pasando? Tengo mucho miedo. Ahora la vi muy vulnerable que hasta me dieron ganas de abrazarla. —Tienes que saber que te mudarás a mi habitación, mi familia vendrá a quedarse acá por un tiempo. Tenemos que aparentar estar enamorados y juntos. No pueden saber que dormimos en habitaciones separadas. —Claro. —Le diré a Lucrecia que empiece a pasar toda la ropa. —No te vayas. Me siento más segura si te quedas con nosotras. —Tengo que ir a revisar que todo esté bien, Grace. No tardo. Salí de la habitación, dejé a cuatro hombres de seguridad resguardando esa puerta. Bajé y busqué a Lucrecia, la encontré en la cocina dejando todo listo para mañana. —¿Señor, va a cenar? —Llévale la cena a Grace a la habitación. Por favor, pasa todas sus cosas a la mía. Y necesito que envíes a las demás empleadas a ordenar los cuartos de invitados, mis padres, mi hermana y su esposo vendrán a pasar una temporada con nosotros. —le expliqué. —En seguida, señor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD