— Daniel… — Susurró Mari y rápidamente, ella soltó de un tirón la mano de David, sintiéndose nerviosa.
De nuevo, volvía ese susto en el pecho, esa ansiedad y el nerviosismo que ya no era provocado por el amor, sino por el temor.
Lo que Mari pensó que había dejado atrás, volvía a golpearla, arrebatándole su paz.
— ¡Papi! — Gritaron Dante y Mario al unísono, saltando de sus sillas para correr a abrazar a su padre.
Mientras que Mari, se levantó repentinamente de la mesa para salir del comedor a paso apresurado, pues parecía que iba a tener un ataque de pánico, ella necesitaba aire.
Preocupado y manteniéndose serio, David también se levantó y salió del comedor tras ella.
Y aunque lo que más quería Daniel era ir tras ese par, por el momento, no pudo moverse.
— Papi, ¿te quedarás?… Papá, ¿Qué trajiste?… Papá, no te vuelvas a ir… — Los niños se aferraban a su padre, haciendo un montón de preguntas al tiempo que lo jalonaban.
…
— Mari… Mari… ¡Mari! — La llamaba David que corría tras de Mari.
Mientras que ella seguía caminando apresurada, hasta que David la alcanzó saliendo hacia el jardín y tomó su mano para detenerla.
— Tranquila, Mari, todo estará bien… — Afirmó David con convicción.
— No, David, tú no entiendes… Nada estará bien… — Mari se soltó de su agarre y siguió caminado, al tiempo que David volvió a seguirla y juntos llegaron a la orilla del lago.
— ¿Qué es lo que no entiendo? Quizás si me explicaras… — Insistió David cuando Mari se detuvo frente al lago.
— No puedo hacerlo… — Exhaló Mari, mirando hacia el lago, al tiempo que sus ojos se cristalizaban. — No puedo volver con tu hermano, no puedo aceptarlo… No lo quiero.
— ¿Qué?
— David, lo que tú viste el día de la pelea entre tú y Daniel, no fue nada comparado con todo el dolor que yo viví con Daniel… Tu hermano, él… Me maltrato… — Soltó Mari con una mirada llena de vergüenza.
— Ese maldito infeliz… — De inmediato David apretó los puños a sus costados.
— Desde que Daniel vio esas fotos, fue horrible, fueron meses en los que viví un infierno, siempre tenía que evitarlo, siempre tenía que esconderme en mi propia casa, Daniel llegaba ebrio, insultando, golpeando todo, me aseguré de que los niños no se enteraran, pero yo… — Mari derramó una lágrima que se limpió rápidamente.
— Mari, lo lamento tanto, de haberlo sabido… — David la envolvió en un suave abrazo, Mari se separó ligeramente, para verlo a la cara.
— David, por favor… Tienes que ayudarme… — Mari lo observó fijamente, con la mirada cristalizada, su cuerpo temblaba, David podía sentirlo.
— Hablaré con él…
— No… — Mari lo sostuvo por los brazos con fuerza, David podía sentir como ella se aferraba como si estuviera aterrada. — Eso no funcionará, créeme, lo sé… Daniel está seguro de que hubo algo entre nosotros y ahora, prefiero que lo siga creyendo así…
— ¿Qué?
— David, si tú y yo… — Mari se quedó pensativa por un instante. — Quizás si simulamos que entre tú y yo hay algo, Daniel se hartara y volverá a marcharse…
Pidió Mari en un hilo de voz y David sintió un pequeño arrebato en el corazón al escuchar esa petición.
— ¿Qué? ¿Quieres simular que hay algo entre nosotros? — Repitió David, tragando grueso.
— No te pido que me beses o que hagamos algo inapropiado, solo bastará con señales sutiles, una sonrisa, un pequeño contacto, estoy segura de que con eso bastará… — Agregó Mari desesperada.
— Mari, pero… Con algo así, Daniel confirmará que le fuiste infiel y se justificará con esto… — Señaló David.
— No me importa… — Mari se separó de David, abrazándose a sí misma. — Ya no me importa lo que piense Daniel, ni lo que diga de mí, hace mucho que dejó de importarme…
— ¿Y tu matrimonio? ¿Y el amor que sentías por él? — Preguntó David con curiosidad.
— Ese amor empezó a acabarse desde el mismo momento en qué Daniel no confío en mí… — Mari apretó los labios, en sus ojos se podía ver cierto resentimiento. — Y desde entonces, poco a poco, se fue extinguiendo.
— Si es así, ¿Por qué no se separan? ¿Por qué no te divorcias de él y ya? — Insistió David, confundido.
— Ya lo intenté y Daniel no lo aceptó… — Alego Mari, comenzando a ofuscarse. — Mira, ya ni siquiera me importa el divorcio, él puede venir a ver a los niños, con eso no tengo problemas, lo único que quiero, es que Daniel se aleje de mí… Pero si no quieres ayudarme, lo entiendo, es tu hermano después de todo…
David se mantuvo en silencio, pensativo, dudando, Mari se dio la media vuelta lista para marcharse de regreso a la casa.
— Buscaré a alguien más que lo haga, quizás contrate a un profesional… — Murmuraba Mari cuando ya se retiraba.
— ¡No! — Voceo David repentinamente, Mari se volteó, confundida. — Espera, yo… Voy a ayudarte…
Desde el interior de la casa, Daniel observaba como su esposa conversaba con David, su hermano.
Había logrado soltarse de los niños gracias a unos juegos que había traído, entretuvo a mos pequeños y de inmediato, siguió a David y a Mari.
Él los vio como se acercaron y se abrazaron, llevaban bastante tiempo junto al lago, parecía que tenían mucho para decirse, se notaba que estaban más apegados y eso, lo aturdía.
¿Cuántas veces lo negaron? ¿Cuántas veces dijeron que eran inocentes y que todo era una falsa? Sopesó Daniel al tiempo que apretaba los puños a los costados.
Mari y David ya volvían, apenas vieron a Daniel a lo lejos, comenzaron a sonreírse entre ellos.
¿Qué pretendían esos dos? ¿Burlarse de él? Supuso Daniel, cada vez más dolido.
Mari y David finalmente entran en la casa, ambos le pasan, por un lado, a Daniel, sin embargo, Mari se detiene cuando siente el fuerte agarre de Daniel en su brazo y sus miradas se encuentran.
A unos pasos, David también se detiene y espera a Mari, alerta a lo que pueda suceder.
— Mari, he vuelto para recuperar a mi familia… — Daniel le sonríe fríamente a Mari, en sus ojos ella puede ver la incomodidad de su esposo por verla con otro. — A toda mi familia… No pienso volver a irme, ni pretendo revivir el pasado… Yo, vengo por tu perdón.