Emma La mañana siguiente subí las escaleras de uno de los pasillos del instituto y me dirigí a la sala de proyección. Tenía la almohada pegada a la cara y a mi alma la había abandonado en mi cama en el momento en que sonó la alarma y mamá tiró de mis pies para que saliera de mi lugar de descanso. Era martes y ya sentía las ganas de que fuese fin de semana para dormir todo lo que yo quisiese. —¿Se murió alguien? —elevó las cejas cuando llegué a su lado. —Estoy cansada, Kendall. No me molestes. Rodó los ojos y me senté junto a ella. —Recién pasó la directora y nos avisó que la profesora no vendrá. —¿Ah, no? —pregunté contenta. —Creo que dijo que se enfermó o no sé qué, no presté mucha atención. Bueno, no quería decir que me alegraba de que la profesora Scott se enfermara, pero

