—Profesor Cam...—murmuró Ginebra con el corazón tan palpitante por la forma extraña en que esté la miraba.
—¿Cual es tu objetivo Ginebra?—preguntó acercándose lentamente a ella sin apartar aquellos ojos juguetones de sus labios rojos.
—¿Mi objetivo? ¿no comprendo?—lo miró confundida con la respiración a punto de volverse un desastre. Ya estaban cerca, lo demasiado como para fijarse que el profesor se mordía los labios.
Santo Cristo, ten piedad de mi.
—¿Por que sales con Lucas?
La chica frunció el ceño.
—Es una pregunta muy personal.
—¿Estas jugando con sus sentimientos?—sondeó sin perder de vista cada gesto o expresión de la muchacha.
—No estoy jugando con él—se rió Ginebra, tragando grueso. Estar tan cerca de él la invitaba a una cosa: A besarlo con locura.
—¿Lo quieres? lo dudo mucho.
—¿Por que lo duda profesor? esto es anti profesional—la mandíbula de Cam se tensó.
—Entonce lo quieres—replicó apretando los puños con su mirada endurecida. Se apartó de Ginebra bruscamente llevándose una mano a su cabeza —. ¿Estas provocándome?
—¿Provocandolo?
—Si—se volvió a aproximar a ella furioso—. Hace unas semanas me dijiste que había algo aqui—hizo un gesto señalando a ambos—. ¿Lo recuerdas?
Aquí pasa algo entre nosotros, es evidente.
La joven le observó con rabia.
—Si lo recuerdo, también recuerdo lo que usted dijo.
No pasa nada aquí.
Respetemosnos mutuamente.
Cam se lamió los labios caminando a todos lados.
—Es muy arriesgado lo que esta haciendo profesor, engañandome con mi nota para retenerme aquí contra mi voluntad. ¿Por que lo hace? ¿acaso le da celos verme con Lucas?
Él ni se atrevió a mirarla, debía calmarse, controlarse. Ginebra tenía la especialidad de sacarlo de quicio retandolo, encendiendo un fuego con sus preguntas que eran difíciles de responder.
—No tengo porque estar aquí profesor—la chica avanzó hacia la puerta cuando sintió que el profesor la jaló por el brazo arriconandola contra la pared.
Ambos estaban a pocos centímetros, Ginebra podía escuchar su respiración fuera de sí, el impulso de querer ir más allá de una conversación. Por muy nerviosa que se encontraba le gustaba ese juego peligroso donde ambos estaban ingresando.
—Si, estoy muerto de celos.
Ginebra soltó una risita de niña caprichosa cuando obtiene la respuesta que esperaba.
—¿Le gusto profesor?
Sus respiraciones se intensificaban más con cada pregunta provocativa. Cam no podía dejar de ver ese lunar cerca de sus labios que lo invitaban a pecar, esa mirada juguetona, y tan peligrosa como al beber un veneno mortifero.
—Gustarme es poco Ginebra, me fascina.
La tensión entre ambos era demasiada, Cam sabia que al besarla desencadenaría un infierno la cual se quemaría, ya que toda su vida dependía de la acción que ejecutara.
—¿Aún quiere besarme?—Ginebra se atrevió a pegar su nariz con la él, rozando un poco sus labios con los suyos.
—No solo quiero besarte, quiero hacerte mía. Quiero quitarte toda la ropa y hacerte el amor en este escritorio. Discúlpame, pero no puedo evitar ser sincero.
—No se disculpe profesor, porque yo también tengo ganas de quitarle la ropa y hacerlo mío.
Cam se le quedó mirando a los ojos, atrapado en esa enorme carga de lujuria, en esas corrientes de agua llamada tentación. La tensión era tan fuerte que quiso mandar su reputación, su puesto de trabajo, su relación con Luz a la mierda solo para quemarse en el lago de fuego que le ofrecía Ginebra. En este juego ninguno de los dos eran inocentes, su cuerpo pedían a gritos ser tocados aunque su razón se interponía.
—¡Carajo!—se apartó de ella echo un lío, con un dilema en su cabeza. Quería y a la vez no, sabía que caer en la tentación le traería problemas, que ya él no era tan joven como para salir con una relación amorosa pasajera, además, violaba el código ético entre profesor y alumna.
—No lo podemos evitar, nos estamos comiendo con la mirada profesor—dijo Gin, buscando la forma de mantener la calma tranquilizando a su pobre corazón que casi muere de un infarto.
—Esto no puede ser, es peligroso Ginebra, traería consecuencias para ambos—habló un poco alterado, pasándose las manos por la cara.
—Lo sé profesor.
—No puede existir nada entre tu y yo, va contra el código profesor alumna que es más delicado que profesor- profesor.
Ginebra se mordió el labio inferior.
—Por favor Ginebra, no hagas eso.
—¿Por que profesor?—ahora era ella que se acercaba a él. Cam era más alto que Gin, tenía que bajar el rostro para mirarla. Ella seguia mordiéndose los labios, tentandolo, a la verdad la chica si queria besarlo, desde hace mucho tiempo le gustaba su docente, ahora era el momento, la oportunidad entre ambos.
—¿Y si te robo un beso?—Cam la miró sorprendido. Pegó una vez más su nariz con la de ella rozando nuevamente los labios de Ginebra.
Robame Ginebra, despojame de estas ganas que te tengo.
—No podemos...—musitó alejándose nuevamente de ella para tranquilizar el palpitar entre sus piernas, las ganas, la sensación de que estaba cometiendo un delito.
Ginebra se quedó parada un poco decepcionada, sin embargo, entendía al profesor Cam, un beso iniciaría un incendio donde quemarse estaba latente. Para evitar esa tortura era mejor marcharse y alejarse de él.
—Es mejor que me vaya profesor, le aseguro que no le diré a nadie lo que sucedió hoy en este salón, puede quedarse tranquilo, será un secreto entre usted y yo.
Gin dió un paso para caminar fuera del aula cuando escuchó su voz jadeante.
—Ginebra...
La muchacha volteó cuando vio venir al profesor para tomarla por la cintura y así pegarla contra su cuerpo.
—Robame, despojame en estos momentos de las ganas que tengo de probar tus labios.
Los ojos de Ginebra cayeron en su boca.
—Bésame Cam.
Su nombre se escuchaba también en sus labios.
Acontinuacion, el profesor Cam Mendoza no evitó tocar sus labios, experimentar la emoción de lo prohibido, profundizar con su lengua los sabores de una chica inalcanzable y rebelde.
Cam había besado con locura y desenfrenada pasión a Ginebra.
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Griten... finalmente un beso después de tanta tensión.