¡No corras! Andrés apresuró a la yegua mientras su corazón tronaba dentro de su pecho. Luchó para no traer a su mente los posibles escenarios con los que podía llegar a encontrarse. Laura no estaba familiarizada con las secciones de la hacienda y los potreros podían ser muy peligrosos si no tenía cuidado. La ganadería brava, había sido recientemente incorporada por Roberto y no mucha gente se animaba a tratar con estos animales debido a lo fuerte y peligrosos que podían llegar a ser. Sobre todo, porque su crianza debía ser en condiciones de semilibertad y en régimen de manadas, así que si Laura cabalgaba en su dirección era muy probable que se encontrara con la sección de la finca que había sido destinada para estos animales. Y mientras Andrés pensaba y temía por la integridad física de

