Sin arrepentimientos «Y… ¿No lo soy, Andrés?» Andrés se vio sorprendido por la pregunta de Laura, tanto que la dejó caer cuando estaba a punto de acercarse a la silla. —¡Mierda! —gritó Laura al sentir sus nalgas golpear contra el suelo de la choza. —¡Lo siento! —se disculpó Andrés al ver a Laura en el suelo. —¿Lo sientes? —preguntó haciendo un puchero—. ¿Lo sientes? ¡Son mis nalgas las que se han impactado contra el suelo! —gritó Laura. La muchacha se puso de pie, se enfrentó a Andrés con una fiera mirada. —¿Quieres que te las sobe? —Andrés dibujó una sonrisa torcida mientras Laura abría y cerraba la boca como si fuese un pez fuera del agua. —¡Eres un pervertido! —lo acusó Laura, no obstante, la idea de tener la mano de Andrés sobando sus nalgas no era nada desagradable. —Prefiero

