¡Eres una bruja! Andrés Altamirano se perdió por el resto de la tarde en los campos, entre los sembradíos y los potreros. Tratando de olvidar el calor que le recorría el cuerpo tras aquel fiero beso con Laura. Laura Quintana era como una droga para él, haber probado sus labios, sentir el calor de su cuerpo no había servido sino para desearla mucho más de lo que en secreto lo había hecho años atrás. La frustración y el enojo corrió por su cuerpo en igual medida. Andrés sentía una frustración s****l apabullante, él no era un santo, lejos estaba de ser un hombre virgen y sin experiencia. ¡No! Él conocía el placer de enterrarse entre los pliegues húmedos y tibios de una mujer. Lamentablemente, para él, no eran los húmedos pliegues de Laura, quién era la mujer que él más deseaba sobre la f

