—Rubén y yo vamos a salir y no volveremos hasta tarde, ¿De acuerdo? Duerme temprano, cariño, tienes muchas ojeras. —mi madre dejo un casto beso sobre mi frente, mientras que yo me limité a asentir como respuesta. Ella tomó las llaves del coche, antes de salir. Rubén y mi madre, tuvieron una pequeña charla acerca de un evento importante para su empresa, y luego, sus voces simplemente dejaron de escucharse para mí. Mi madre era especialmente buena en olvidar las cosas dolorosas y difíciles. Yo, en cambio, me las guardaba dentro, muy dentro hasta que en un momento explotaba y las sacaba todas fuera. Sentía que justo eso me pasaría. Por lo tanto… necesitaba un respiro yo también, y uno que me alejara de esta familia de locos. Me mordí el labio inferior tan fuerte que pude sentir ese sabor

