—Y recuerden estudiar para su próximo examen la semana que viene…—el profesor Lennon comentó, mientras se dedicaba a guardar cada uno de sus libros dentro de su bolso sin ningún apuro. Frustrada, resoplé un mechón de cabello que caía por mi frente antes de ponerme de pie. Sujete mi mochila poniéndola sobre uno de mis hombros, y deambule hacia la salida. Estaba cansada, por suerte esta era la última clase del día y podría irme de una vez por todas a casa, aunque vamos, tampoco es que quisiera volver después de lo que dijo mamá esta mañana. Estaba en graves problemas, y prefería evitarlos a toda costa. Aarón no se encontraba conmigo porque por fortuna, mi mejor amigo «el cerebrito» había exentado de ese estúpido examen de álgebra. Suerte… efectivamente eso era lo que le faltaba a este día

